domingo, 22 de enero de 2017

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Larache

                                                I'm on a blood buzz
                                                The National

Le dije al corazón adiós un día
y solté las amarras de la nave.
La frondosa esperanza se derrumba
como se abate el cáliz de los lirios.
Ignoramos la máquina del tiempo,
pero el fatal instante llega siempre
y el estrago ladino nunca quiere
admitir que la herida aún supura.
Me dejo conducir por un enjambre
de abejas para entrar en el vacío
a través de este mar y retraerme
en mi propia absorción de la materia.
Y luego, tan ligera como un junco,
me alzaré en el ocaso contra el fuego
combatiendo a los ángeles que guardan
diligentes la puerta del santuario
donde habita la luz que no se extingue.



Imagen: Eastman Johnson, The Girl I Left Behind Me, hacia 1870.





jueves, 19 de enero de 2017

ELIZABETH ZETLIN










Algunas funciones de la nieve

Para estar quieta. Para tocar
charadas con los árboles,
hacer cosquillas en la espalda de los lagos.
Para la anulación, la aliteración
y la rima. Para refrigerar
las rodillas, nos fuerza a volvernos lentos, a simplificar,
a limpiar los armarios. Para protegernos
y perder peso – el del agua
en las plantas dormidas, el de la tristeza
del resto de nosotros. Para destellar.
Para hacernos salir de abajo
de los patrones cristalizados. Para aclarar la paleta.
Para recordarnos que no tenemos el control.
Para despertar los hombros y doler las espaldas,
hacernos mirar para arriba de lo que sea que estemos haciendo,
para acercarnos a las nubes. Para ser
atmosféricos, traslúcidos, únicos en nuestra especie.
Para parar el tráfico, cerrar las escuelas, interferir las comunicaciones,
cancelar prácticamente todo mientras caemos a la tierra,
para agitar nuestros brazos como alas, convertirnos
en lo que nosotros llamamos ángeles de nieve,
entrar en la quietud, derretirnos.



Versión de Tom Maver.


Imagen: Harald Sohlberg, Efter snestorm, Lillegaten Røros, 1903.



martes, 17 de enero de 2017

RUBÉN DARÍO










Lo fatal

                                           A René Pérez

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...



Imagen: Caspar David Friedrich, Paisaje rocoso en las montañas de arenisca del Elba, 1822-23.



domingo, 15 de enero de 2017

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Una mañana de primavera en Pliego

El sol desgarra el velo de la niebla
y devuelve a los pinos poco a poco
el alma que la sombra les robara.
El aire se despierta y estremece
su verde cabellera derramando
el polen de sus flores como lluvia
que dora mis pestañas y mis hombros,
la rosa de mis labios sin aliento,
las huellas de mi pie sobre el camino.

A veces precisamos de la lluvia,
del fulgor de una flor en los balcones,
del arpegio de un ave navegante,
del abrazo que cierra las distancias
como apoyo sutil para el consuelo
que nos saque del miedo y las tinieblas.
Una lluvia que dore nuestras almas,
que mitigue el dolor de las heridas
con el fin de salvarnos la existencia.



Imagen: Ivan Fedorovich Choultsé, Ocaso, 1921.



jueves, 12 de enero de 2017

OLGA OROZCO










Mujer en su ventana

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente
inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus
angelicales procesiones.

Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como
si nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo.

Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la
noche.
-¿O acaso será un dios que cae agonizando sobre el
mundo?
Pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que va creyendo que los lazos rotos nacen
preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los
paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en
su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio,
un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.



Imagen: Anna Ancher, La habitación roja, 1904.