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jueves, 25 de febrero de 2016

JOHN DONNE










Los buenos días

¿Qué hicimos, a fe mía, hasta el momento
de amarnos? ¿Hasta entonces fuimos niños de pecho?
¿Sorbimos, como infantes, placeres campesinos?
¿Roncamos en la cueva de los Siete Durmientes?
Tal fue; mas fantasías fueron esos deleites;
siempre que descubría una hermosura
y yo la deseaba, ya te veía en sueños.

Y ahora, buenos días a nuestros corazones
despiertos, que no osan contemplarse sin miedo;
pues Amor todo amor en las miradas rige
y en una breve estancia sabe encerrarlo todo.
Que los descubridores visiten mundos nuevos;
que mundos sobre mundos a otros muestre el mapa;
queramos solo un mundo: lo tenemos, lo somos.

Mi rostro está en tus ojos y en los míos el tuyo,
y fieles corazones en el rostro descansan;
¿cuándo hallaremos dos mejores hemisferios
sin el Norte glacial ni el decaído ocaso?
Cuanto muere, no estaba mezclado justamente;
si son nuestros amores uno solo, si amamos
sin mengua, no hallaremos ya la muerte.


Traducción de Mariá Manent.

Imagen: Gustave Courbet, Les Amants dans la campagne, sentiments du jeune âge, 1844.



martes, 24 de noviembre de 2015

FRANCISCO DE QUEVEDO










¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?               
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.                      
¿Y quién, sino un amante que soñaba,                       
juntara tanto infierno a tanto cielo?                   

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,              
cual suele opuestas flechas de su aljaba,                   
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,                    
como mi adoración en su desvelo.                    

Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,            
que nunca duerma yo, si estoy despierto,                   
y que si duermo que jamás despierte.»            

Mas desperté del dulce desconcierto;               
y vi que estuve vivo con la muerte,                    
y vi que con la vida estaba muerto.


Imagen: Gustave Courbet, Hombre herido, entre 1844 y 1854.


viernes, 13 de noviembre de 2015

GARCILASO DE LA VEGA










Mi lengua va por do el dolor la guía;                 
ya yo con mi dolor sin guía camino;                  
entrambos hemos de ir con puro tino;               
cada uno va a parar do no querría;                    

yo, porque voy sin otra compañía,
sino la que me hace el desatino;                       
ella, porque la lleve aquel que vino                  
a hacerla decir más que querría.                        

Y es para mí la ley tan desigual,             
que aunque inocencia siempre en mí conoce,             
siempre yo pago el yerro ajeno mía.                  

¿Qué culpa tengo yo del desvarío                     
de mi lengua si estoy en tanto mal,                   
que el sufrimiento ya me desconoce?


Imagen: Gustave Courbet, Autorretrato (Le désespéré), hacia 1844.


sábado, 23 de mayo de 2015

DANUT DALCA










Je suis un poète maudit

(Advertencia:
El hecho de crear es un misterio,
un don que rara vez los dioses conceden;
no puedo ser por tanto responsable de mis actos
y menos todavía de mis palabras.)

Siempre he sido lector de poetas de segunda,
tercera o cuarta fila, de ese modo
me creía capaz de igualarlos, incluso
capaz de superarlos. Pero me he dado cuenta
de que no soy poeta, ni siquiera
de quinta o sexta fila porque si lo fuese,
y de primera, ahora mismo
estarían llamando a mi puerta los editores
o llamando al teléfono, aunque
no lo tenga y no tenga puerta tampoco donde
llamar porque no tengo casa
y vivo donde puedo, a la intemperie,
puesto que no me dejan las leyes de este mundo
vivir donde yo quiero y decir aquellas cosas
que llegan a mi pluma no sé de qué manera,
y que dicen que son peligrosas para
el normal desarrollo de una sociedad democrática.
Por ejemplo, que yo soy el centro del mundo,
que en la casa de Dios se come solo
pan blanco y que jamás desafinan
los violines de otoño aunque no llueva;
que la aurora es la líder indiscutible en la lucha
librada día a día contra las tinieblas
de la noche. Que siempre es tarde aunque la dicha
sea buena pues somos inmortales
y que, por consiguiente, el sistema de pensiones corre peligro.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Gustave Courbet, Portait de Baudelaire, 1848-1849.