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jueves, 2 de junio de 2016

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (VI)

Un aleteo
o un ademán del viento,
un ligero temblor en la espesura.
Nuca sabrás
cerrar la noche o expandirla
como el mantel sobre la mesa.
Puedes decir que ya no hay mesa
que solo hay noche
sobre la noche.
Ahora barre las estrellas, borra
la luna para siempre
y queda la tersura sin arrugas,
sin marcas de planchado,
como un tropel de nada.
Interior solo.
Tinieblas sin alcores,
oscuridad que no respira.
La roca dentro de la roca.



Traducción de Alejandra Burguillos Rasero.


Imagen: Emil Carlsen, Night, Old Windham, 1904.




viernes, 15 de abril de 2016

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (V)

Desde la altura,
el maizal por la tarde es un misterio,
una quietud sombría en la que nada penetra.
Ni el aire ni la luz arrancan
palabras de sus labios impasibles.
Desde la altura vemos
un mar petrificado en cuyo fondo
habitan animales de acero
que atraviesan su verde consistencia,
la pétrea dureza de sus aguas.
Desde la altura nos parece fácil
la tarea de andar sobre las ondas
a lo largo de millas
y millas sin descanso
–como pequeños cristos
absortos en su asombro-
hasta el confín del orbe,
allí donde el abismo abre sus fauces
para que un Niágara esmeralda se desplome
entre un atronador silencio
al oscuro vacío de ese ponto
donde nadan estrellas.



Traducción de Alejandra Burguillos Rasero.

Imagen: Charles Courtney Curran, Sunlit Valey, 1920.

martes, 2 de febrero de 2016

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (IV)

Esta pequeña parte
del mundo que contemplo
está ahí, siempre igual cada día
pero siempre distinta,
cambiando de manera
que la palabra pronunciada
se torna vieja en el segundo
de nacer, muerta, tan vacía como el pecho
de un esqueleto.
Y cuando estás en ella no sientes
necesidad alguna de hablar de ella,
de escribir o pensar.
Estás en ella y corres hacia adelante
cambiando cuando cambia, siendo la misma
y otra a la vez, y sabes
que estando allí da igual ser o dejar de ser,
aun cuando mueras
y las raíces del maizal, este tapiz esmeralda
que se alza hasta la luz desde la sombra,
hurguen en las cuencas de tus ojos
y liben los recuerdos del paisaje
que con celo guardaste en otro tiempo.



Traducción de Alejandra Burguillos Rasero.


Imagen: Peder Severin Kroyer, Marie in Ravello, 1891.



martes, 5 de enero de 2016

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (III)

Se mece el sol en el azul del cielo
y se mece el maíz tan suavemente
y tan callado que parece inmóvil.
A lo lejos los árboles dormitan.
Ni una hoja oscura ni una sombra;
su color es radiante y uniforme.
Árboles detenidos en un cuadro,
en el cristal pintado de una iglesia
o en un telón de fondo que ocultara
el avieso latir de los segundos.
Cuando respiro se alborotan
las hojas del maíz que crujen como
el más fino cristal al quebrantarse.

Procuro no moverme y ya no aliento.


Traducción de Alejandra Burguillos Rasero.

Imagen: Claude Monet, Field of Corn , 1881.


lunes, 2 de noviembre de 2015

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (II)

El maizal por la tarde toca el cielo.
Te tiendes en el suelo y alargas la mano;
esperas que las nubes rocen tus dedos, que se enreden
las nubes en las uñas, que penetren
las nubes en los huesos y corran por tu sangre.
Vuelo y reposo. Asciendes
y no dejas la tierra, nunca olvidas
el aroma del musgo, esos tonos
con que se pinta el barro mientras se pudre.
Hay días en que estamos seguros
de poder desvelar el enigma.
No ascendemos y el maizal nos engaña
o nos alienta o nos consuela.
Tal vez en un principio fuimos árboles.
He aquí mis ramas y mi copa diminuta,
el tronco sin raíces. No me alimento
de la tierra. No asciendo hasta rozar las nubes.
El maizal por la tarde nos devuelve
la olvidada nostalgia.


Traducción: Alejandra Burguillos Rasero.

Imagen: John Steuart Curry, Kansas Cornfield, 1933.