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miércoles, 29 de junio de 2016

LUIS DE GÓNGORA










Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana?

Si te engañó tu hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.



Imagen: Martin Johnson Heade, Red Rose and Bud.


viernes, 8 de enero de 2016

FRANCISCO DE RIOJA










A la rosa

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
y no valdrán las puntas de tu rama,
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
y oro en su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas;
¿y esto, pupúrea flor, y esto no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate silencioso su ardimiento
el color y el aliento;
tiendes aún no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus lágrimas la Aurora
mustia, tu nacimiento o muerte llora.



Imagen: Martin Johnson Heade, Red Rose With Ruby Throat.


sábado, 19 de diciembre de 2015

LUIS MARTÍN DE LA PLAZA










Cubierto estaba el Sol de un negro velo,                     
luchaba el viento con el mar hinchado            
y él en huecos peñascos quebrantado            
con blanca espuma salpicaba el cielo.             

El ronco trueno amenazaba el suelo,   
tocaba el rayo al monte levantado                     
y pardas nubes de granizo helado                    
el campo cobijaban con su hielo.                      

Mas luego que su clara luz mostraron              
los bellos ojos que contento adoro
y a quien el alba envidia los colores,                

calmó el mar, calló el viento y se ausentaron              
los truenos, pintó el Sol las nubes de oro,                   
vistióse el campo de olorosas flores.


Imagen: Martin Johnson Heade, Thunderstorm on Narragansett Bay, 1868.

                       

lunes, 9 de noviembre de 2015

BLANCA SORIA










Tarde de mayo

El cielo lentamente va cambiando
el azul por el gris de la tormenta.
Cesaron los arpegios de las aves,
el rayo y el relámpago resuenan.

Ahora que la noche nos visita
en la tarde de mayo cenicienta
que a principio de otoño se parece
se vuelve más pesada la tristeza.

Se va llevando el viento las palabras
que dejamos encima de la mesa
y el alma se retira pensativa
a su alcoba debajo de la tierra.

Y la tarde declina sin remedio.
Tarde sin corazón, sin sangre, muerta.


Imagen: Martin Johnson Heade, Approaching Thunder Storm, 1859.



jueves, 21 de mayo de 2015

SALVATORE RACCIATTI










Carta desde el Caribe

Hoy he pensado en ti cuando no estabas.
Y yo tampoco estaba, me había ido
a esas islas que llaman Vírgenes, no sé por qué,
donde el mar es el cielo, y viceversa,
y el viento tiene aliento de muchacha.
Acaso te preguntes qué hacía en las islas:
estaba de visita, simplemente,
bañándome en sus aguas sin mojarme
(es una de las muchas ventajas que se tienen
al viajar sin moverse de la alcoba).

Allí no estabas. Fue entonces
cuando llegó tu nombre en una ráfaga
de brisa, igual que el eco de una vieja canción,
de una conversación lejana, de un recuerdo.
Fue como si estuvieras. Pude
acariciar tu mano y abrazarte un poquito
antes de que te fueras. Aún recuerdo
tu sonrisa, la luz en tus ojos cuando llegaste
y tus pupilas húmedas al despedirte.
“¿Por qué nos quiere un perro? ¿Seré acaso
un perro que te quiere?”,
me preguntaste. “¿A dónde voy cuando duermo”?,
dijiste luego. Fueron las palabras
más hermosas que nunca escuché en mi vida.

Mañana volveré a salir de viaje.
Quiera Dios que volvamos a encontrarnos.


Traducción de Alberto Russo.

Martin Johnson Heade, Study of an Orchid, 1872.