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lunes, 27 de junio de 2016

TAN TAIGI










Noche

Hay luna todavía
y ya amanece.
Noche, ¿no te irás nunca?



Traducción de Kohtaro Miyake Ledesma.


Imagen: George Inness, Moonrise, Alexandria Bay, 1891.


domingo, 27 de marzo de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Como si


                                      Como si fuera
                                              Jonathan Johansson


Como si no muriera de tristeza.
Como si este dolor nunca existiese.
Como si los espinos no rasgaran
mi lacerada espalda cuando duermo.
Como si la ignominia más acerba
pudiera disolverse en confitura.
Como si un manantial inextinguible
brotara de mi pecho con la aurora.
Como si cada tarde un rompimiento
de gloria incinerase mis entrañas.
Como si mi precaria biografía
de improviso en lo eterno floreciese.


Imagen: George Inness, Passing Clouds, 1876.



martes, 15 de marzo de 2016

ISMENE MATAS










Noviembre

El domingo pasado fue noviembre.
En verdad no es un mes interesante
al contrario que mayo, por ejemplo,
por su alegre y fecunda primavera.
Pero no es relevante esto. Decía
que el domingo pasado fue noviembre.
Lo sé porque yo estuve allí en mitad
de la amplia carretera que atraviesa
de parte a parte su baldío reino,
y puedo asegurar que tu fantasma
paseaba por ella sin palabras.
Créeme cuando digo que el camino
te llevaba a Ninguna Parte.


Imagen: George Inness, November Montclair, 1893.



jueves, 10 de marzo de 2016

LI CHANG YIN










Atardecer. Me gana el tedio,
encamino mi carro a la antigua llanura.
¡Qué bello el sol poniente!
¡Lástima que la noche le siga tan de cerca!



Traducción de Marcela de Juan.

Imagen: George Inness, Sunset at Etretat, 1875.



lunes, 3 de agosto de 2015

CECIL WENTWORD










Hace ya muchos años, cuando
era un muchacho alegre e inquieto,
solía encaramarme a este árbol
pues era mi lugar preferido.
Desde la última rama que aún resistía
mi peso sin peligro contemplaba
el mundo. No era mucho (lo sé ahora):
la casa de mi padre,
la de mi amigo Peter allá en lontananza,
más cerca la del tío Will con su granero
rojo al que le faltaba siempre
una buena mano de pintura,
el pueblo y la vetusta torre de la iglesia,
maizales, girasoles, trigos
y un ondulado mar de colinas
que se perdía allá donde comienza el cielo.
Para mí era un lugar enorme,
un ancho continente inabarcable
repleto de promesas y tesoros.
Si igual que a Jesucristo se me hubiera
acercado el demonio prometiéndome
la posesión del reino que abarcaba mi mirada,
me hubiera sin dudarlo postrado a sus pies.
Ahora, bajo el árbol de la infancia,
ahora que la edad no me permite
acceder a la cumbre de mi torre,
observo desde aquí el paisaje
al ras de la vejez y el desengaño:
mi amigo Peter muerto en accidente,
su casa consumida por el fuego
y el granero del tío Will una osamenta,
un rostro descarnado y frágil.
Pero el mar continúa ondulándose colina a colina
hasta los mismos pies del cielo como antes,
un mar que entona sus canciones con el aire
y eleva hasta las nubes sus palabras.

Aguardo a que este mar me anegue ahora,
a que pulan mis huesos sus espumas.


Traducción de Casimiro Ropero.

Imagen: George Inness, Early Autumn, Montclair, 1891.