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martes, 21 de febrero de 2017

ISMENE MATAS










Un día de asueto

Le di un día de asueto a mi amargura,
la vestí con ropa nueva, a la moda,
le puse unos billetes en el bolso
y le dije: “Anda, vete de paseo,
toma el aire, disfruta de la tarde;
un prolongado encierro es insalubre”.
Le indiqué que ponían en el cine
una tragedia cruel sobre la vida
que le haría morirse a carcajadas.
“Ya sabes que reír mantiene joven”,
le dije a amablemente ya en la puerta.
Miró a su alrededor igual que el ave
antes de alzar el vuelo y de perderse
en la inaudible música del cielo.
La vi que se alejaba por la calle
en tanto se doraba a fuego lento
un otoño sin nubes y sin llanto.
¿Deseo realmente su partida?
¿Puede ser este el fin de nuestra historia?
Qué triste condición la del amante
que sabe que el amor un día se acaba
pues no podrá pedir que le consigan
el céfiro de abril para vestirse,
la cinta con que atamos el silencio,
las palabras que brotan de la fuente,
la naranja madura de la aurora,
que el canto del jilguero no se acabe,
que las nubes se sienten a su mesa,
que siempre haya una luz entre la noche…

Solo por un momento te he olvidado
y han temblado los muros de la casa.




Imagen: Frida Kahlo, Autorretrato con collar de espinas y colibrí, 1940.



sábado, 10 de diciembre de 2016

MAROSA DI GIORGIO










A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.



Imagen: Anónimo, Saltiel Lumen.

sábado, 11 de abril de 2015

ROSALÍA DE CASTRO










Ansia que ardiente crece,
vertiginoso vuelo
tras de algo que nos llama
con murmurar incierto,
sorpresas celestiales,
dichas que nos asombran;
así cuando buscamos lo escondido,
así comienzan del amor las horas.

Inaplacable angustia,
hondo dolor del alma,
recuerdo que no muere,
deseo que no acaba,
vigilia de la noche,
torpe sueño del día
es lo que queda del placer gustado,
es el fruto podrido de la vida.


Imagen: David Alfaro Siqueiros, Angustia.