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sábado, 22 de octubre de 2016

PHILIP LARKIN










XVI

A eso de la una se vacía la botella;
a las dos, se cierra el libro;
a las tres, los amantes se separaron,
se acabó el amor y su comercio.
Y ahora las manos de relojes luminosos
muestran que son más de las cuatro,
el momento de la noche en que los vientos perdidos
perturban la oscuridad.

Y estoy harto de querer dormir.
Tan harto, que casi puedo creer
que el río silencioso que mana de la cueva
no es fuerte ni es profundo,
sino solo una  imagen forjada en el concepto.
Me acuesto y espero la mañana, y los pájaros,
los primeros pasos en la calle sin barrer,
las voces de las chicas con las cabezas envueltas en sus bufandas.



Versión de Sandra Toro.


Imagen: John Atkinson Grimshaw, Whitby from Scotch Head, moonlight on the Esk, 1879.



martes, 6 de septiembre de 2016

PHILIP LARKIN










XI. Música nocturna

A la una aumentó el viento
y con él, el ruido
de los álamos negros.
Hacía tiempo que a los vivos
los habían llevado
por un delgado cordón
hasta su sueño
donde brillaban fanales
bajo un velo quieto
de cascadas.
Hacía tiempo que los muertos
se habían vuelto inofensivos en el suelo leve.
No había bocas
para beber del viento
ni ojo alguno
que aguzar en el cielo ancho,
sostén de las estrellas.
Solamente los árboles,
sonoros, altos, sibilantes
se estiraban: los álamos negros.
Y desde su soledad en llamas
cantaron las estrellas en sus cuencas toda la noche:
“sopla y que brille, sopla y que brille
la brasa de este mundo demorado”.


Versión de Sandra Toro.

Imagen: Gustav Klimt, The Great Poplar I, 1900.



lunes, 16 de noviembre de 2015

PHILIP LARKIN










75° N
Ventisca

De repente nubes de nieve
empezaron a invadir el aire
como si cayeran, enredadas
como la cabellera espesa de una chica.
Algunos vieron una bandada de cisnes,
algunos una flota de navíos
o una sábana desplegada  al viento,
pero la nieve me tocó los labios

y más allá de cualquier duda sé
que ahí parada está una chica
que no tendrá un amante
hasta que me enrede en su pelo.

Versión de Sandra Toro.

Imagen: Childe Hassam, A New York Blizzard, 1890.