Mostrando entradas con la etiqueta Dario Popescu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dario Popescu. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2015

DARIO POPESCU










Día de lluvia

No es bueno salir fuera. Hace frío,
llueve melancolía, llueven
grises arpones, llanto y un poco
de suave estupidez.
No es bueno salir fuera. El Diablo
dispara sin mirar y puede herirnos;
luego nos dejará tendidos en la calle.
No quiero que lo pienses más.
Debes quedarte aquí conmigo.
El juego del amor nunca es un juego,
mas no rehúso la partida.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Jean-Honoré Fragonard, L’instant désiré des amants heureux, 1767-1771.


lunes, 13 de julio de 2015

DARIO POPESCU






Ignorancia


¿Dónde nacen las nubes en el cielo,
en qué lejana gruta el viento mora?
¿Es el mundo tan solo una metáfora?
Ya son casi cien años de latidos
del corazón bogando en la imprudencia.
Así es que solo debo anotar cosas
que se puedan tomar como verídicas,
como que brilla el sol y no es de noche,
que han brotado narcisos en el parque,
que las moscas se posan en la mesa,
que creo que jamás iré a Shanghái
y que ahora me llaman por teléfono.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Lucian Freud, Daffodils and Celery, 1948.



miércoles, 1 de julio de 2015

DARIO POPESCU










Poca cosa

El día amaneció vacío, torpe,
tan gris como un presagio sin aliento.
Cuesta pensar, sentir la luz radiante
de julio, por ejemplo, entre los pinos
en este amanecer donde no existe
ni siquiera lugar para la pena,
la compañera fiel que te acompaña
aun cuando la desprecies o la ignores.
Las esquirlas del sueño aún nos hieren
y las palabras duermen en los labios,
sin embargo la vida continúa:
la gente compra pan y se prepara
para otro día más, para otro día
destinado a diluirse en el olvido;
los coches van y vienen, las palomas
vuelan hasta posarse en el alféizar;
tal vez llueva, la luz quizá retorne,
alguien pone la radio, alguno tose,
alguien quitó la escala que desciende
hasta la misma boca del infierno…

Como verás es poco, poca cosa
para llenar un día miserable
cuando no estás conmigo.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Edward Hopper , Office In A Small City, 1953.


domingo, 24 de mayo de 2015

DARIO POPESCU










Quiero escribir metáforas y solo digo tópicos

Crearé para ti metáforas hermosas.
Escribo por ejemplo: el mar de tus ojos.
Aunque ya no recuerde de qué color eran,
pero lo más seguro es que me zambullía
y nadaba en sus aguas sin descanso
hasta que los cerrabas por la noche.
Ahora escribiré de tu cabello,
la fragante y crecida hierba de una pradera
del Far West donde el búfalo pasta
y los caballos más apreciados son que un automóvil.
No sé si tus cabellos eran verdes,
mas siempre deseé perderme
en ellos y pastar parsimonioso
como un bóvido enorme y extinguido.
No podría olvidarme de tu boca
ni de las engastadas perlas
que adornan una joya del más fino coral.
Tampoco de tu frente, de tus manos
ni de donde se guardan los secretos.

Quiero escribir metáforas y solo digo tópicos.
Tal vez porque te fuiste hace dos siglos
y apenas si me acuerdo de tu imagen,
o acaso no te quiera.
Quizás no has existido.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Auguste Renoir, Nu couché, hacia 1882.



lunes, 11 de mayo de 2015

DARIO POPESCU






Mientras leo poesía clásica china

Cuando Li Po vivía las mujeres
poseían un rostro de fina porcelana
y su boca era roja y redonda igual que una cereza.
Dicen que era un placer beber vino
de sus labios pequeños y dulces.
Entonces los poetas se enamoraban
de la luna y querían abrazarla
y tenderse con ella en un lecho transparente.
Entonces la nostalgia era un tesoro
y se usaban las lágrimas para el aderezo
de platos refinados en la mesa imperial.
Quiero decir con esto que los tiempos
ahora son distintos y que aunque tu boca
no sea una cereza sigue siendo
un deleite libar el licor de tus labios,
y que puedes estar tranquila pues no pienso
enamorarme de la luna
ni de cualquier actriz de moda que aparezca,
ni aspiraré a yacer con ella en lecho alguno.
Ahora bien, si no te veo, deja
que derroche el tesoro de la nostalgia,
que la melancolía acompañe mi mesa
y que aliñe mis platos con el salado
humor de mis pupilas.


Traducción de Daniel Ortega.

Imagen: Anónimo, Escena de la corte china, S. XVIII.