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miércoles, 23 de marzo de 2016

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE










Hielo a medianoche

Así pues, te serán ya dulces todas
las estaciones; ya el verano vista
la tierra toda de verdor; o empolle
el petirrojo y cante entre festones
de nieve, aposentado en la desnuda
rama musgosa de un manzano, mientras
la techumbre de bálago vecina
humea y se deshiela bajo el sol;
ya chorreen de lluvia los aleros
y se oiga su canción en los intervalos
del viento enfurecido, ya el secreto
laborar de los hielos los adorne
de carámbanos mudos que rebrillan
a la luz apacible de la luna.


Traducción de Ramón de Sangenís.

Imagen: Carl Blechen, Gebirgsschlucht im Winter, 1825.


sábado, 9 de enero de 2016

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE1










El ruiseñor

…Y yo sé de un gran bosque, muy cercano
a un enorme castillo, cuyo dueño
y gran señor no habita ya; por ello
el bosque está cubierto de malezas,
los senderos se quiebran, y la hierba
y los botones de oro cubren todo.
Mas nunca he visto en parte alguna un sitio
como aquel bosque donde vivan tantos
ruiseñores. Ya cerca, ya a lo lejos,
en la maleza o en los copudos árboles,
por todo se contestan y provocan
unos a otros con alegres trinos,
murmullos musicales y gorjeos
–y un piido suave cual ninguno- ,
estremeciendo el aire con tal gracia
que, si cierras los ojos, te parece
que estás en pleno día. En los arbustos
que la luna ilumina, entre las flores
cubiertas de rocío y entreabiertas,
podrás tal vez sobre los tiernos tallos
ver sus ojos brillantes (esos ojos
tan brillantes y abiertos), centelleando
en tanto que, en la sombra, las luciérnagas
encienden sus antorchas amorosas.


Traducción de Ramón de Sangenís.

Imagen: Hugh William, Alpine scene, hacia 1817.


viernes, 1 de enero de 2016

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE










Canción de la Glicina

Vi una saeta de sol
que descendía del cielo
a la tierra, y suspendido
del rayo de sol vi un pájaro
temerario, ¡dulce pájaro,
víctima de algún hechizo!

Bajaba y subía, en vueltas
volaba dentro del rayo
de niebla llena de sol
con sus ojillos de fuego
y su hermoso pico de oro,
¡pajarillo de amatista!

Y así cantaba: ¡Adiós, ay!
¡Adiós! Los sueños del amor
rara vez son verdaderos;
se marchitan los capullos
y las rutilantes gotas
de rocío se evaporan.

¡Oh suave mes de mayo,
ya tenemos que partir!
¡Partiremos lejos, lejos,
y partiremos hoy mismo!


Traducción de Ramón Sangenís.

Imagen: Pedro Blanes Viale, Las glicinas, 1923.