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miércoles, 2 de marzo de 2016

MIGUEL DE UNAMUNO










¿Por qué me has abandonado?

Por si no hay otra vida después de ésta
haz de modo que sea una injusticia
nuestra aniquilación; de la avaricia
de Dios sea tu vida una protesta.

Que un anhelo sin pago así nos presta
y envuelto de su luz en la caricia
el dardo oscuro que al dolor enquicia
en la raíz del corazón asesta.

Tu cabeza, abrumada del engaño
en la roca descansa que fue escaño
de Prometeo, y cuando al fin te aplaste

la recia rueda de la impía suerte,
podrás, como consuelo de la muerte,
clamar: "¿por qué, mi Dios, me abandonaste?"



Imagen: Jules Bastien Lepage, Diogène, 1873.



miércoles, 30 de septiembre de 2015

ZAN BAI










Qué pronto se oscurece el cielo.
Cada día que pasa la luz es más breve.
Esta tarde las nubes cruzaban las montañas
como cien mil jinetes de un ejército
vestidos con sus negras armaduras
dispuestos al ataque.
Comienzan a caer las primeras gotas;
oigo sobre el tejado su redoble.
Otra vez el otoño llama a mi puerta.
Otra vez está aquí, de nuevo ha vuelto
ese viejo llorón, ese mendigo
que llega año tras año suplicando
alojamiento en tanto roba
de mi jardín las más hermosas flores.
Pero mi corazón es insensible.
“No te abriré esta noche”, le digo. “Estoy dormida
y no despertaré hasta la primavera”.


Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen: Jules Bastien Lepage, Le mendiant, 1880.