Mostrando entradas con la etiqueta Johan Christian Dahl. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Johan Christian Dahl. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de agosto de 2016

ZAN BAI










Oscuridad

¿Dónde nos lleva el camino?
¿Qué mundo es éste, qué reino?
Nadie responde las cartas
que los sueños nos envían.
¿Cree las palabras alguien?
Ni siquiera abril consigue
acallar la queja antigua
que fluye del corazón.

Viento, llévate esas nubes,
limpia el camino del cielo:
su viaje inicia la luna;
no vaya a ser que tropiece.


Imagen: Johan Christian Dahl, Skyer i måneskinn, 1849





lunes, 15 de agosto de 2016

GIACOMO LEOPARDI










XXIII

La calma después de la tormenta

Pasó ya la tormenta;
los pájaros gorjean; la gallina
ha tornado al camino
y vuelve a cacarear. Sereno el cielo
surge a Poniente, sobre la montaña;
despéjanse los campos
y aparece en el valle el claro río.
Todo pecho se alegra; en todas partes
renacen los rumores;
el trabajo prosigue.
A contemplar el cielo, el artesano,
obra en mano cantando,
asómase a la puerta;
sale la joven a coger el agua
de la reciente lluvia;
repite el verdulero
de camino en camino
el cotidiano grito.
He ahí el sol que retorna y que sonríe
por pueblos y colinas. Los balcones
y las terrazas abre la familia;
en el sendero escúchase a lo lejos
tintinear de esquilas; cruje el carro
del viajero que sigue su camino.
Todo pecho se alegra.
¿Cuándo tan dulce y grata
es como ahora la vida?
Con tanto amor, el hombre,
¿cuándo se da a su estudio,
torna al trabajo, o nueva cosa emprende?
¿Cuándo se acuerda menos de sus males?
Placer, de afanes hijo;
vano goce, que es fruto
del pasado temor, donde temblaba
de espanto ante la muerte
el que odiaba la vida;
donde, en largo tormento,
fría, callada y pálida,
palpitaba la gente, contemplando
desplomarse sobre ella
viento, rayos y nubes.
Naturaleza afable,
las dádivas son estas,
son estos los deleites
que ofrece al mortal. Salir de penas
goce es para nosotros.
Penas derramas largamente; el duelo
espontáneo surge, y los placeres
que por milagro algunas veces
nacen de los afanes, son gran suerte. ¡Humana
prole cara a los dioses! Feliz casi
si descansar te dejan
de algún dolor; dichosa
si la muerte te cura de ellos todos.


Traducción de Diego Navarro.

Imagen: Johan Christian Dahl, Stalheim, 1842.




lunes, 9 de mayo de 2016

FRANCISCO DE LA TORRE










Cuántas veces te me has engalanado,
clara y amiga Noche! ¡Cuántas, llena
de escuridad y espanto, la serena
mansedumbre del cielo me has turbado!

Estrellas hay que saben mi cuidado,
y que se han regalado con mi pena;
que entre tanta beldad, la más ajena
de amor, tiene su pecho enamorado.

Ellas saben amar, y saben ellas
que he contado su mal llorando el mío,
envuelto en los dobleces de tu manto.

Tú, con mil ojos, Noche, mis querellas
oye, y esconde; pues mi amargo llanto
es fruto inútil que al amor envío.


Imagen: Johan Christian Dahl, Noche de la luna sobre Dresde, 1827.





viernes, 4 de marzo de 2016

W. J. BARRIMORE












Noche de cumpleaños de 1992

 Esta noche es un páramo infinito
y la luna un esquife a la deriva
entre la blanca espuma del celaje,
con miedo a naufragar en los escollos
del final de la noche allá a lo lejos.

A arriba, en el árbol invisible,
se escucha el aleteo de un pájaro que vela:
una señal de vida entre el vacío
y una ocasión perdida para hallarla.

Demasiada tristeza, demasiado
rencor en los inútiles recuerdos,
demasiada nostalgia de aún no sé qué
que no tendré jamás, que nunca tuve.

Una tras otra todas estas noches
desde Octubre de mil novecientos trece
no son sino los malos versos de un poema
escrito en un papel amarillento
que borrará la lluvia en pocas horas.



Traducción de Casimiro Ropero.


Imagen: Johan Christian Dahl, Estudio de luz de luna, 1822.