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jueves, 9 de junio de 2016

FRANCISCO DE QUEVEDO










Amor impreso en el alma que dura después de las cenizas

Si hija de mi amor mi muerte fuese,                  
¡qué parto tan dichoso que sería                       
el de mi amor contra la vida mía!                        
¡Que gloria, que el morir de amar naciese!                  

Llevara yo en el alma adonde fuese     
el fuego en que me abraso, y guardaría                       
su llama fiel con la ceniza fría                
en el mismo sepulcro en que durmiese.                      

De esa otra parte de la muerte dura,                 
vivirán en mi sombra mis cuidados,       
y más allá del Lethe mi memoria.                       

Triunfará del olvido tu hermosura;                     
mi pura fe y ardiente, de los hados;                   
y el no ser, por amar, será mi gloria.


Imagen: Arnold Böcklin, La Isla de los Muertos, 1880.

           

lunes, 14 de marzo de 2016

ROBERT SOUTHEY










La vuelta del viajero

¡Cuán dulce, para el viajero, al alba,
es la canción que se oye en el espacio,
donde, brillando a plena luz, cubierta
de rocío, la alondra tiende el vuelo!

Y al mediodía, ¡cuán reconfortantes
son las brisas que juegan en el cielo
cuando se siente ya cansado y débil
después de tantas horas de camino!

Cuando del cielo límpido desciende
un sol ardiente y fatigoso, el agua
murmuriosa del río al viajero
le canta una canción dulce y sedante.

Cuando anochece y ya la luz declina,
y todo alrededor está calmado,
suena una dulce música a su oído:
el son de las esquilas del rebaño.

Pero de todos los sonidos dulces
de la mañana o del atardecer,
es el más delicioso el de la voz
del Amor que a su vuelta le recibe.



Traducción de Ramón Sangenís.

Imagen: Arnold Böcklin, Regreso a casa, 1887.


domingo, 28 de febrero de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE












Leyendo a Marco Valerio Marcial

                                                       Hoc est vivere bis vita posse frui
                                                                  Marcial

En esta soledad, ahora que soy vieja,
a veces me recluyo en esa casa oscura
que llaman corazón, y oculta en sus estancias
escribo con palabras usadas ya por otros.
Deseo cuanto he sido ponerlo por escrito
ahora que la espada blandida por los años,
atroces e implacables, cercena los recuerdos
e impide que se cumpla el verso que escribiera
aquel viejo poeta acerca del que gusta
que el goce del recuerdo la vida resucite.
En esta soledad, a solas entre todos,
conmigo solo a solas, rebusco un tiempo mío,
un tiempo luminoso, el tiempo del deshielo
que funda la blancura que ciñe mi cabeza.


Imagen: Arnold Böcklin, Villa am Meer, 1871–1874.