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lunes, 7 de noviembre de 2016

WANG JIAN










Muestra el escaramujo
sus delicadas flores.
Se oculta bullicioso
el río entre las zarzas.

Los árboles elevan
sus brazos hasta el pecho
azul donde se asienta
el corazón del día.

El camino serpea
y hacia la luz asciende.

Conducirá sin duda
a la Puerta del Cielo.



Traducción de Ovidio Fierro.


Imagen: Felix Vallotton, Pont sur le Béal, 1922.



lunes, 21 de septiembre de 2015

WANG JIAN










A pesar del invierno el río se desliza
igual que una serpiente por el fondo del valle.
Todavía es temprano y la escarcha
cubre la hierba muerta con un sudario.
Nada se mueve, nada interrumpe
la voz sin fin del agua. Un río
es como el hombre. Corre, se agita,
combate, grita, canta, calla, reza.
A veces la ira lo desborda
y ruge y odia y asesina.
Desde la altura veo su camino.
Allí, cuando la luz lo descubre, brilla
y se pierde al llegar al confín del horizonte.
¿Se pierde? ¿Dónde va?
Indiferente al frío, al hielo, a las rocas
que quieren impedir su viaje,
como yo, se apresura hacia lo ignoto.


Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen:  Anónimo, Paisaje con un dibujante, hacia 1600.



jueves, 13 de agosto de 2015

WANG JIAN










Me despierto de un sueño ligero.
Soñé que caminaba mil millas
de nubes tras las huellas de los Inmortales.
Se oye el sonido de una flauta allá en la ribera;
cuánta melancolía en su canto.
¿Quién puede estar despierto a estas horas?
La barca boga a la deriva
por las aguas tranquilas del ancho río
de la misma manera que la luna
lo hace dejando una brillante estela.
Ella y yo somos camaradas:
ambos viajamos sin destino.
¿Qué haremos, compañera infeliz,
cuando el invierno llegue?



Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen: Bai Jin, Barco pesquero anclado en una noche iluminada por la luna.


miércoles, 6 de mayo de 2015

WANG JIAN










Ha llegado el otoño y todo se desnuda
para vestirse luego con un manto de escarcha.
La hierba que era verde, pálida agoniza.
Los pájaros se fueron por temor al frío;
solamente los cuervos se resisten a la fuga.
Las nubes se convierten en islas errantes
cada vez más pesadas, más grandes, más grises.
La rápida corriente del río se enturbia
tras la lluvia de anoche en la montaña.
Un opaco quejido se oye a ras del suelo…
Ayer era verano, hoy el sol se extingue.
Todo cambia, ya nada está en su sitio,
todo se desfigura, todo se convierte
en un viejo decrépito de larga barba blanca
que agarra su bastón para sentirse alzado
sobre la tierra helada que lo convoca.
Ahora me doy cuenta de que nada es inmortal.
Ahora hasta los dioses temen
que el vendaval del tiempo los arrastre.


Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen: Caspar David Friedrich, Hügel und Bruchacker bei Dresden, hacia 1824.



viernes, 27 de marzo de 2015

WANG JIAN










La montaña se alza hasta alcanzar el cielo
y se pierde su cima entre las nubes.
El camino se detiene y no se pueden
escalar las altas paredes de piedra.
El agua se desploma hasta el abismo
con un estruendo que a la vez aturde y conmociona.
Es inútil hablar, es inútil cantar,
incluso la risa o el llanto están aquí prohibidos.
El pensamiento se detiene y el problema
de ser o no ser se desvanece y se olvida.


Traducción de Ovidio Fierro.