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domingo, 22 de noviembre de 2015

ROSAMUND GROSSMANN










El cuento de Emily Dickinson

Cada mañana agita la brisa la cortina.
Se abre entonces el día y los árboles
de las aceras mueven sus ramas.
Los murmullos invaden la calle poco a poco
y va aumentando el estrépito: coches que gruñen
y gente que habla a gritos. Ahora se ha posado
en el alféizar un gorrión que mira dentro.
Con sus pequeños saltos, su nervioso
movimiento y los ojos escrutando
la habitación, mi vida toda,
parece que me dice: ¡Soy yo! ¡Estoy aquí!
Igual como llegó se marcha, de manera
inesperada: un breve rumor que se pierde
en el aire templado de la calle.
¿Quién eres?, le pregunto mientras vuela.

No sabes dónde va ni dónde vive,
qué dice el terciopelo de su lengua…
Más un temblor de plumas, una nota
que nunca se aprendió en un pentagrama
pueden servir como alimento
para que se sustente el día.


Traducción de Elisabeth Romero O’Connor.

Imagen: Adolph Menzel, Blick aus einem Fenster in der de: Marienstrasse (Berlin), 1865.

lunes, 22 de junio de 2015

ROSAMUND GROSSMANN










El cuento del desahucio

Se muerde una manzana y sobreviene
un desastre tremendo, trágico, ominoso:
el día se oscurece y las centellas
el aire carbonizan con su flama;
llueve agua, fuego y las palabras
terribles escupidas
por la boca de un Dios malhumorado.
Por eso, con cuidado y con ternura,
despojo a la manzana
del manto que la cubre,
de su pompa real y de su gloria,
la parto en pedacitos y mastico
lentamente, con suavidad, con cariño
pidiéndole perdón mientras trituro
en pos de la dulzura que atesora.
No quiero que me expulse de mi casa
el ángel iracundo que sostiene
en la diestra una espada llameante
y una orden de desahucio en la siniestra.
Y vivir en la calle para siempre.
No quiero andar perdida en noche fría.
                              

Traducción de Elisabeth Romero O’Connor.

Imagen: Cornelis van Poelenburch, De verdrijving uit het paradijs, entre 1646 y 1667.


martes, 16 de junio de 2015

ROSAMUND GROSSMANN










El cuento del Mar de Tiberíades

Imagina que estás tú sola, tú
sola y el mar como ese monje
de Friedrich. O mejor, tú sola sobre
el mar, andando sobre el agua,
igual que sobre un prado
lleno de hierba que se mueve
al soplo de la brisa suave
de Mayo: verde terciopelo,
verdes ondas, espigas verdes,
verdes murmullos, verde espuma.
Andas sobre las aguas y de cuando
en cuando cantas, cantas mientras miras
el cielo y el camino que se extiende
ante ti, que tus pies descalzos
pisan. Pero al caer la tarde,
mientras el mar se torna
un rosal, montañas de oro, ríos de sangre,
vacilas un instante
y el agua abre su boca para
engullirte y reparas
que no está Jesucristo para darte
ánimos ni su mano o para reprenderte
por tu falta de fe, por vacilar,
por tu temor mezquino y triste.
Y te hundes cada vez más hondo,
más y más hondo, y el silencio
te envuelve para siempre con su manto pálido.


Traducción de Elisabeth Romero O’Connor.

Imagen: Philipp Otto Runge, Pedro camina sobre el agua, 1806.




jueves, 28 de mayo de 2015

ROSAMUND GROSSMANN










El cuento de Edith, mujer de Lot

¿Estará allí mi casa todavía,
pensó por un momento y se detuvo.
La memoria le trajo el recuerdo de su casa
y un inventario rápido de todo.
Su vestido de novia, la alacena
del salón con los platos y las tazas de su madre,
las bicis de las niñas en el patio,
los huesos de su madre en el garaje
y el gato… ¿Por qué el gato viene ahora
a su frente si siempre andaba fuera?
Cazaba los ratones del vecino
y nunca los de casa, los ratones
que roían el pan y las manzanas,
su libro de cocina babilónica…
No cerró la nevera y las facturas
quedaron sin abrir sobre la mesa,
la ropa sin tender en el barreño,
sin echarle el maíz a las gallinas
 y se dejó los fogones encendidos…
Ahora cae azufre de lo alto.

Mis párpados de sal se cierran. Buenas
noches.


Traducción de Elisabeth Romero O’Connor.

Imagen: John Martin, The Destruction of Sodom and Gomorrah, 1852.