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miércoles, 3 de mayo de 2017

MARIN SORESCU











Por debajo de la puerta

El día de hoy
me lo metieron, como de costumbre,
por debajo de la puerta.

Me instalé los lentes sobre la nariz
y comencé
a leerlo.

Nada especial,
por lo que veo.
Según se dice hacia el mediodía estaré un poco triste,
no se especifica el motivo,
y seguiré amando la luz
donde quedé ayer.

La página externa informa
de mis negociaciones con el agua, los montes y el aire,
en relación con su absurda pretensión
de penetrar en mi sangre y en mi cerebro.

Luego las habituales noticias
sobre mi capacidad de trabajo,
sobre la caminata al pan,
sobre la buena disposición
(pero ni una palabra
en relación con el estado
de mi hígado).

Dónde se imprimirá
esta vida mía,
llena como está de unos errores
inadmisibles.



Traducción: Omar Lara.



Imagen: René Magritte, Hombre leyendo el periódico, 1928.



domingo, 27 de noviembre de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Lázaro

“No estoy muerta”, le dije al corazón,
manzana pequeñita y arrugada.
Debajo de aquel árbol de amplia sombra,
de alas extendidas como un ave
que agita su plumaje y alza el vuelo,
me hallaba bajo tierra, en una casa
tan húmeda y oscura cual sepulcro.
No sentía dolor, tampoco alivio,
pues nacer y morir no es cosa mía.

Recogida en la sombra perdurable,
escuchaba los pasos en el techo
de Lázaro siguiendo a su Maestro.
Gritando le pedí que me ayudara,
que me diera la llave de la puerta,
el poder de nacer tras de la muerte.
“Camino hacia el futuro”, dijo Lázaro;
“ahora no recuerdo lo ocurrido”.
Y fue el mármol más blanco y más pesado.



Imagen: René Magritte, Ceci n'est pas une pomme, 1964.



martes, 8 de septiembre de 2015

JUAN DE TASSIS, CONDE DE VILLAMEDIANA










Determinarse y luego arrepentirse,
empezar a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;

comenzar una cosa y advertirse,
querer decir su pena y no aclararse,
en medio del aliento desmayarse,
y entre el temor y el miedo consumirse;

en las resoluciones, detenerse,
hallada la ocasión, no aprovecharse,
y, perdida, de cólera encenderse,

y sin saber por qué desvanecerse:
efectos son de Amor, no hay que espantarse,
que todo del Amor puede creerse.


Imagen: René Magritte, Los amantes, 1926.


lunes, 27 de abril de 2015

DARIO POPESCU










Escribo esta carta aunque sé que no obtendré respuesta alguna

Mi muy querida amiga:
Anoche se cayó el cielo: tejas
rotas, ramas quebradas, coches abollados,
algunos transeúntes con lesiones graves,
un perro callejero moribundo
y miles de cristales por el suelo
rebosantes de estrellas planetas y nubes.
Anoche se cayó el cielo. Desamparada
se quedó Bucarest sin un espejo
en el que contemplarse por la tarde,
sin que pueda peinarse su ondulada
y rubia cabellera, sin que pueda
empolvarse su rostro adormilado.
Y ahora, ¿qué podemos hacer sin ese cielo
que nos muestre las noches y los días,
que nos haga soñar con otros mundos
perdidos más allá de las estrellas?
¿Y después de la muerte, dónde iremos?
Y lejos, donde quiera que te encuentres,
¿hay nubes, brilla el sol, cae la lluvia,
titilan las estrellas?
No puedes figurarte cuánto frío;
un aire que no cesa nos azota…
Anoche, cuando te marchaste,
nos quedamos sin cielo,
también sin certidumbre, sin respuestas.


Traducción de Daniel Ortega. 

Imagen: René Magritte, La clef des champs, 1936.