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miércoles, 2 de noviembre de 2016

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER










LXXIV

Las ropas desceñidas,                  
desnudas las espaldas,               
en el dintel de oro de la puerta               
dos ángeles velaban.                   

Me aproximé a los hierros            
que defienden la entrada            
y de las dobles rejas, en el fondo,                      
la vi confusa y blanca.                  

La vi como la imagen                    
que en leve ensueño pasa,                    
como el rayo de luz tenue y difuso                    
que entre tinieblas nada.             

Me sentí de un ardiente               
deseo llena el alma                       
¡como atrae un abismo, aquel misterio             
hacia sí me arrastraba!                 

Mas ¡ay!, que de los ángeles                  
parecían decirme las miradas                 
-¡El umbral de esta puerta                       
sólo Dios lo traspasa!                    



Imagen: Thomas Cole, Expulsion from the Garden of Eden, 1828.



martes, 27 de septiembre de 2016

WANG TU










La ladera hasta el cielo asciende.
El agua de la cumbre baja.
El sol llega al final de su trayecto.
En el recodo se pierde el camino.
¿Podré afrontar yo solo la zozobra?


Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen: Thomas Cole, Falls of the Kaaterskill, 1826.




lunes, 19 de septiembre de 2016

ÁLVARO CUNQUEIRO








Al otro lado

Al otro lado me dijeron
los viejos se van convirtiendo en árboles
viejos también sin hojas en la cara del sol
aguardando sin saber qué,
mudos.

Pero súbitamente un árbol cualquiera
siente subir dentro de él la savia de un sueño
al borde de la muerte ya pero todavía
tibio como la leche de la madre.

El sueño va subiendo por las venas del árbol
una vida entera que pasa
hasta hacerse pájaro en una rama
un pájaro que recuerda, canta y se marcha
poco antes de que todos los árboles mueran.

Si yo me hago árbol viejo al otro lado del río
y me toca ser el árbol que recuerda y sueña
puedes estar bien segura que soñaré contigo
con tus ojos grises como el alba
y con tu sonrisa
con la que se vistieron los labios de los rosales
en los días más felices.



Traducción de Vicente Araguas y César Antonio Molina.


Imagen: Thomas Cole, Lake with Dead Trees (Catskill), 1825.






viernes, 18 de marzo de 2016

FRANCISCO DE QUEVEDO










Salmo 16

Bien te veo correr, tiempo ligero,                   
cual por ancho mar despalmada nave,           
a más volar, como saeta o ave            
que pasa sin dejar rastro o sendero.              

Yo, dormido en mis daños, persevero,          
tinto de manchas y de culpas grave;              
aunque es forzoso que me limpie y lave                   
llanto y dolor, aguardo el día postrero.           

Este no sé cuando vendrá; confío                  
que ha de tardar, y es ya quizá llegado,         
y antes era pasado que creído.            

Señor, tu soplo aliente mi albedrío                 
y limpie el alma, el corazón llagado,               
cure, y a ablande el pecho endurecido.          


Imagen: Thomas Cole, The Voyage of Life, 1842.