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sábado, 11 de junio de 2016

W. J. BARRYMORE










La luna sobre el agua
igual que el animal que bebe.
Dos noches y dos lunas.
El tiempo repetido.
El reflejo y el hombre que se mira.
Hay dos formas de hacer las cosas:
aceptas el reflejo
o puedes asumir la noche.
Aunque arriba y abajo todo es uno.
También puedes cerrar el libro
de la noche, cerrar los ojos,
creer por un instante
que no hay noche ni luna,
tan solo una ranura estrecha
por donde escapar
para no ser la copia de la copia,
ni tampoco esperanza,
ni ser unívoco
ni dios inerte.



Traducción de Casimiro Ropero.

Imagen: Isaac Levitan, La luna en el crepúsculo, 1899.



viernes, 4 de marzo de 2016

W. J. BARRIMORE












Noche de cumpleaños de 1992

 Esta noche es un páramo infinito
y la luna un esquife a la deriva
entre la blanca espuma del celaje,
con miedo a naufragar en los escollos
del final de la noche allá a lo lejos.

A arriba, en el árbol invisible,
se escucha el aleteo de un pájaro que vela:
una señal de vida entre el vacío
y una ocasión perdida para hallarla.

Demasiada tristeza, demasiado
rencor en los inútiles recuerdos,
demasiada nostalgia de aún no sé qué
que no tendré jamás, que nunca tuve.

Una tras otra todas estas noches
desde Octubre de mil novecientos trece
no son sino los malos versos de un poema
escrito en un papel amarillento
que borrará la lluvia en pocas horas.



Traducción de Casimiro Ropero.


Imagen: Johan Christian Dahl, Estudio de luz de luna, 1822.





domingo, 30 de agosto de 2015

W. J. BARRYMORE










Heme otra vez aquí enfrentado a la noche.
Duermen los corazones y los pájaros.
La casa está tranquila y silenciosa.
El río sigue su camino murmurando plegarias y consejas.
No reza el agua, el agua es una oración
que nace de la tierra. El cielo
dibuja las palabras y el río las pronuncia.
Es ahora de noche y la noche
anda con paso lento, sin ninguna prisa
igual que yo camino por su vientre
mientras duermes e ignoras la canción del agua,
mientras olvidas que morimos
un poco cada noche, mientras ignoras
que ruedan las estrellas para que vivas
y para que vivas el río reza.
Ahora, mientras duermes, escribo
lo que se olvida y el río repite cada noche:
Así en la tierra como en el cielo.


Traducción de Casimiro Ropero.

Imagen: Arkhip Kuindzhi, Claro de luna. Meditación.



miércoles, 17 de junio de 2015

W. J. BARRYMORE










Cuando abrimos el libro por la página
donde escribe la noche, siempre hallamos
un luna redonda y luminosa
que rueda muy despacio por el cielo
negro. Tal vez alguna estrella, un punto
pequeño y blanco se dibuje en el margen.
Nunca hay nubes que anuncien la tormenta.
Siempre reina el silencio, tanto
que se puede escuchar en la distancia
el sordo roce de la rueda con las losas
oscuras de la negra travesía.
Y un poco más abajo, en la parte inferior,
descubriréis la mancha oscura
de una arboleda, allí
donde la negra tez del cielo
se aclara un poco. Ahí estoy yo, invisible,
examinando el movimiento lento de la luna.
“La noche es un relato del que nacen
relatos más pequeños que repiten
la voz inagotable de la canción del mundo.
Tú y yo”, me dice, “somos
los únicos lectores de este libro
que todavía nadie ha escrito.”


Traducción de Casimiro Ropero.

Imagen: Caspar David Friedrich, Uttewalder Grund, circa 1825.