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domingo, 6 de diciembre de 2015

KURT BROOKS






Un día Charles Simic quemó a Poe en la chimenea de su vecino

En la torre hay tres puertas.
Una da al norte,
otra da al sur
y otra da arriba
donde las nubes de color de rosa
giran sobre la vieja atalaya.
La del infierno se cerró hace tiempo.
Fue una mañana de otoño
cuando Simic quemó a Poe
en la cocina del vecino.
Desde entonces los sábados
me encaramo a la torre
y le pido a los cuervos
huérfanos que se sienten a mi mesa.


Traducción de José Cohen Domingo.

Imagen: Herbert von Reyl-Hanisch, Böser Traum, 1931.


domingo, 4 de octubre de 2015

KURT BROOKS










Esplín

Por la escalera sube y baja el tiempo.
Está colgada ahí en la rama del árbol
mudo en el mediodía de un día de marzo.
El aire se llevó esta mañana
las nubes grises que quedaban de la noche,
el frío enseña sus agudos dientes
y el alma se entumece.
No es hora de dormir pero al viajero
le gustaría descansar al abrigo
de cualquier inclemencia, sobre todo
de cualquier inclemencia que pueda
depararle el futuro.
Mas no puede impedir que cada día
se vaya hundiendo en esta tierra
que nunca llevará su nombre.
Tal vez sea el momento de retirar la escala
o de buscar en el olvido
palabras que se puedan olvidar más tarde.


Traducción de José Cohen Domingo.

Imagen: Victor Muller, Ideando un tumba, Oda a Böcklin, 2007.




miércoles, 26 de agosto de 2015

KURT BROOKS










La persistencia

Cuando uno escribe suele hacerlo
sobre uno mismo: esto me pasa,
siento lo otro, tal vez mañana,
nadie me quiere, bebo cicuta,
no tengo sueño, todo es mentira…
En lo más hondo nos creemos
que algo puede quedar de nosotros
hasta el final del fin de los siglos.
¿Dónde? ¿En una hoja de papel
que los años devoran, que los insectos
devoran? ¿En el aire que los demás respiran?
Construimos casas de papel,
casas de espuma, casas de polvo,
una sobre otra casas en el viento
con cimientos de lodo y esperanza.
Las únicas palabras que nos sobreviven
son las que no decimos nunca,
son las que no aprendimos, las palabras
que solo Dios pronuncia cuando está solo.
Pero nunca está solo porque
siempre hay alrededor alguno
adulándolo, dándole la lata,
pidiéndole, negándolo, exigiéndole,
tocándole las pelotas.


Traducción de José Cohen Domingo.

Imagen: William Blake, God answers Job, hacia 1804, ilustración para The Book of Job, publicado en 1826.



sábado, 22 de agosto de 2015

KURT BROOKS










Una fotografía olvidada en un viejo libro

Este niño podría ser yo. O mi padre
o mi hermano o un perfecto desconocido.
Un niño con los ojos abiertos sin nada que ver,
asomado a un futuro como este
futuro en el que el viento
sopla a través de una ventana
llevándose los muebles del presente.
El que pierde las alas no puede
volar hacia el pasado en este viento
(ni hacia el ahora) sobre
las copas de los árboles, las casas
o los montes helados;
sobre los pensamientos
que se evaporan cada día.
Tampoco sobre el mar donde se guardan
los posos del recuerdo que sirven de alimento
a los peces minúsculos que brillan
en esas noches estrelladas de los veranos
en el preciso instante en que nada se mueve
y las calles están vacías.
Cuando muevo la foto el niño cierra
los ojos y camina por un lugar impreciso
entre el día y la noche,
entre la oscuridad y la llama.


Traducción de José Cohen Domingo.

Imagen: Fitz Henry Lane, Fishing Party, 1850.



miércoles, 19 de agosto de 2015

KURT BROOKS










Prohibido el paso

Llevas no sabes ya cuánto tiempo
perdido, dando vueltas y más vueltas
por una carretera extraña.
Despotricas del mapa inservible
y de aquella canción en la radio
que te distrajo en algún punto del viaje.
El polvo que a tu paso levantas
borra lo recorrido cuando miras
por el retrovisor alarmado e inquieto.
El aire ardiente quema tu piel
y el sudor corre por tu espalda.
Ante ti una llanura eterna,
un infinito sol, ni una nube.
No se ve árbol ni casa alguna
y los minutos pasan con flema interminable.
A veces te entran ganas de detener el coche
pero no puedes, sabes que la llanura
debe tener un fin y que alguien te aguarda
en el lugar de tu destino.
Cuando la tarde acaba, cuando el miedo
se clava poco a poco en el pecho,
hiriendo la esperanza,
y reclama la ayuda de la angustia,
has llegado al final de la llanura
y el camino se interrumpe.
Una puerta herrumbrosa cierra
la posibilidad de cualquier viaje.
 Un rótulo, legible apenas, advierte:
Está prohibido el paso terminantemente
a todo aquel que esté difunto.


Traducción de José Cohen Domingo.

Imagen: Edward Hopper, Road in Maine, 1914.