martes, 17 de enero de 2017

RUBÉN DARÍO










Lo fatal

                                           A René Pérez

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...



Imagen: Caspar David Friedrich, Paisaje rocoso en las montañas de arenisca del Elba, 1822-23.



domingo, 15 de enero de 2017

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Una mañana de primavera en Pliego

El sol desgarra el velo de la niebla
y devuelve a los pinos poco a poco
el alma que la sombra les robara.
El aire se despierta y estremece
su verde cabellera derramando
el polen de sus flores como lluvia
que dora mis pestañas y mis hombros,
la rosa de mis labios sin aliento,
las huellas de mi pie sobre el camino.

A veces precisamos de la lluvia,
del fulgor de una flor en los balcones,
del arpegio de un ave navegante,
del abrazo que cierra las distancias
como apoyo sutil para el consuelo
que nos saque del miedo y las tinieblas.
Una lluvia que dore nuestras almas,
que mitigue el dolor de las heridas
con el fin de salvarnos la existencia.



Imagen: Ivan Fedorovich Choultsé, Ocaso, 1921.



jueves, 12 de enero de 2017

OLGA OROZCO










Mujer en su ventana

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente
inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus
angelicales procesiones.

Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como
si nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo.

Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la
noche.
-¿O acaso será un dios que cae agonizando sobre el
mundo?
Pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que va creyendo que los lazos rotos nacen
preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los
paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en
su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio,
un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.



Imagen: Anna Ancher, La habitación roja, 1904.





martes, 10 de enero de 2017

JOAQUÍN ROMERO MURUBE










Jardín

 No es la fuente cuando corre
con cielos de musgo y plata,
ni es la brisa entre las hojas,
ni las aves cuando cantan.

No es la luz quebrada en oros
por el encaje de ramas
sobre la siesta profunda
del arrayán y la malva.

No es el temblor de los aires
al roce puro del ala,
cuando surcan por los cielos
mensajes de plumas blancas.

Es algo que está en la frente
o que por los labios pasa
otorgándonos la dulce
presencia de la esperanza.

Son oros desvanecidos
sobre yedras de murallas,
con un tibio olor difuso
de soledades y savias.

...Es el jardín hecho tacto
sobre los pulsos del alma
cuando la luz de la tarde
brilla, ya muerta, en el agua.



Imagen: Santiago Rusiñol, El jardín de las elegías. Son Moragues, hacia 1903.





domingo, 8 de enero de 2017

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Debajo del manzano

                                                             Debajo del manzano
                                                                    San Juan de la Cruz


Todo cuanto te di dejaste atrás.
El tiempo de la angustia es un recuerdo
pues ahora la pena se ha tornado
en bruñida esperanza luminosa.
Dame tu fuego, amor, para el incendio,
para arrasar los reinos conquistados
y derruir las ciudades levantadas.
Que arda el universo como el fénix,
que germine otra vez de su favila,
que el cielo vuelva a abrirse y la palabra
haga nacer la luz de un día nuevo.
Vendrá la primavera y el estío,
el canto vibrará de nuevas aves,
las fuentes brotarán de tu misterio
y nacerá la hierba en tus orillas:
nuestro lecho debajo del manzano.


Imagen: Hubert Robert, The Fire of Rome, 1785.