lunes, 10 de octubre de 2016

MARIN SORESCU










Séneca

A la caída del sol, me dijeron,
debo cortarme las venas,
ahora es solo el mediodía,
tengo todavía unas buenas horas de vida.

Qué hacer, ¿escribirle otra vez a Lúculus?
Ya no tengo ganas.
¿Ir al circo?
Ya no necesito ni circo ni pan.
¿Prever el destino de la filosofía?

Ha pasado una hora más,
quedan todavía cuatro,
el agua borbotea en la bañera,
bostezo y miro por la ventana,
miro hacia el sol que ya no se pone
y me aburro horriblemente.


Traducción de Omar Lara.


Imagen: Manuel Domínguez Sánchez, El suicidio de Séneca, 1871.




domingo, 9 de octubre de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Septiembre

Desgastadas las horas de los sueños,
otra vez vuelve el llanto de las nubes
a llamar insistente a mi ventana.
Allí, donde he de estar, en la penumbra,
me refugio en el canto dolorido
del ruiseñor perdido entre las rosas.
Y el ángel me acompaña cuando escucho
todo cuanto hay que oír y cuando miro
aquello que el olvido me arrebata.
Redoblan las campanas mientras tanto
en la blanca espadaña de mi pecho.


Imagen: Juan Llimona, Muchacha leyendo, 1905.



sábado, 8 de octubre de 2016

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER










XV

Cendal flotante de leve bruma,              
rizada cinta de blanca espuma,              
rumor sonoro                      
de arpa de oro,                   
beso del aura, onda de luz,                     
eso eres tú.              

Tú, sombra aérea, que cuantas veces              
voy a tocarte te desvaneces                    
como la llama, como el sonido,               
como la niebla, como el gemido             
del lago azul.                      

En mar sin playas onda sonante,                      
en el vacío cometa errante,                     
largo lamento                      
del ronco viento,                
ansia perpetua de algo mejor,                 
eso soy yo.              

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía            
los ojos vuelvo de noche y día;               
yo, que incansable corro demente                    
tras una sombra, tras la hija ardiente                
de una visión!                     



Imagen: August Malmström, Älvalek, 1866.



viernes, 7 de octubre de 2016

EMILY DICKINSON










El ocaso traedme en una taza,
contadme las vasijas de la aurora
para decirme su rocío exacto;
Decidme hasta qué altura da la mañana un brinco
y cuánto duerme el tejedor que hizo
ese lienzo de azul tan dilatado.

Escribid cuántas notas en su éxtasis
tiene el recién llegado petirrojo
entre asombradas ramas del estío;
cuántos viajes hace la tortuga,
cuántas tazas la abeja saborea,
ebria de su rocío.

¿Quién puso al arco iris sus estribos
y quién guía las dóciles esferas
con mimbres del azul más delicado?
¿Qué dedos pulsarán la estalactita
y quién cuenta el dinero de la noche
para saber si todo está pagado?

¿Quién construyó esta casa pequeñita
y dejó tan cerradas las ventanas
que se quedó mi alma toda a oscuras?
¿Y quién me sacará un día de fiesta,
con unas alas negras para huir, como pompa
que aún no te figuras?



Traducción de Mariá Manent.


Imagen: Caspar David Friedrich, Frau vor untergehender Sonne, hacia 1818.



jueves, 6 de octubre de 2016

GABRIEL CHIFU










Mi vecino de enfrente

Mi vecino de enfrente en Craiova
vende salchichas.
Ganó un dineral con esto y se compró
el terreno donde construyó su casa.
Casa costosa y poco inspirada. Pero no es la casa
lo que ahora nos ocupa, sino su patio, que riega sin parar.
Casi no lo conozco, nos saludamos y ya está, pero
lo nombro en este poema pues todo el santo día
él riega su pensil. Lo vi
de madrugada haciéndolo
también lo vi tarde, en la noche. Incluso con la lluvia
no abandonaba su oficio, tranquilo sujetaba la manguera y
regaba concienzudo el verdegal, sin importarle el agua que le caía del cielo.
Estoy seguro de que él no lee poesía. Por tanto
no le importa
que este poema haya crecido a su alrededor
como la ermita en torno al ermitaño,
no le importa
que yo le haya encerrado para siempre en el poema
como una monedita de oro.
Eterno y absurdo, él riega con tesón
su patio. Supongo que en la infancia viviría en un sitio
chamuscado por la canícula. Y también supongo que una noche
soñó que el paraíso era así,
un patio de Craiova que se mantenía verde
a base de regarlo con la manguera.
Y ahora se adentra con pasos resonantes en ese sueño suyo
y vive imperturbable allí.




Traducción de Catalina Iliescu Gheorghiu.


Imagen: John Philip Falter, Sunday Gardening, 1961.