viernes, 27 de marzo de 2015

WANG JIAN










La montaña se alza hasta alcanzar el cielo
y se pierde su cima entre las nubes.
El camino se detiene y no se pueden
escalar las altas paredes de piedra.
El agua se desploma hasta el abismo
con un estruendo que a la vez aturde y conmociona.
Es inútil hablar, es inútil cantar,
incluso la risa o el llanto están aquí prohibidos.
El pensamiento se detiene y el problema
de ser o no ser se desvanece y se olvida.


Traducción de Ovidio Fierro.

jueves, 26 de marzo de 2015

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Canción

¿Qué dolor  es el que sientes
que ni amapolas ni trigos
van al encuentro del cielo?

En tus ojos ya no hay luna,
en tu pecho no hay aliento
y tus manos ya no danzan
entre las manos del viento.

Los caminos que corrías
solo llevan al desierto.
Tus palabras se han dormido
en el lecho del silencio.

¿Qué dolor es el que sientes
que hace que se oculte el día
entre los pliegues del tiempo?


Imagen: William-Adolphe Bouguereau, El remordimiento de Orestes u Orestes perseguido por las Furias, 1862.

miércoles, 25 de marzo de 2015

DAVID LÓPEZ GARCÍA






Jonás antes de huir de Nínive

Mira a ese hombre que nunca ha cultivado
un jardín y sestea totalmente
envuelto en la neblina del hastío.
¿Vivir merece acaso? ¿No sería
mejor librarse de él con un certero
golpe tal como se hace con insectos
que molestan?, gritó Jonás en Nínive.

No hay jardines en Nínive, dijeron
(una burda mentira que propalan
contrarios del sistema democrático),
y le dieron la espalda recordando
las palabras de Sylvia Plath acerca
de ser horizontal o vertical.


Imagen: Maarten van Heemskerck, Jonas unter dem Rizinusstrauch (detalle).


martes, 24 de marzo de 2015

ROSAMUND GROSSMANN











El cuento de la conversa

Mientras Cristo agoniza en su monte
me asomo a la ventana de la cocina:
tres cruces sobre el cerro y un limpio
cielo como el cristal de un vaso nuevo:
dice alguien en la radio que tendremos
un día seco y caluroso.
Friego platos, tiendo la ropa de los niños,
batallo contra el polvo que se adhiere
al viejo aparador que perteneció a mi abuela
(en algún lado tiene un cajón secreto,
así me lo contaba, que guarda un tesoro).
Tendré que trabajar rápida o no llegaré a tiempo
de sentarme en el porche
para escuchar sus últimas palabras:
¡Eli, Eli, lemma sabactani!

Y luego temblará la tierra,
la vieja porcelana se caerá de los estantes
y los cristales vibrarán hasta partirse.

El cielo se oscurece y la tormenta y su diluvio
se desata feroz sobre la tierra
convirtiendo en ridículas las palabras
del hombre de la radio.


Traducción de Elisabeth Romero O’Connor.

Imagen: Caspar David Friedrich, Morgen im Riesengebirge, entre 1810 y 1811.


lunes, 23 de marzo de 2015

CECIL WENTWORD






De regreso a casa

El mediodía cae de lleno sobre el prado.
Las hormigas se esconden abrumadas por su peso.
Ahora no existen las sombras.
Nada se mueve: ni el caballo que pace
ni la brizna de hierba que busca la humedad escondida.
No puedo continuar mi paseo. Una luminosa barrera me detiene.
No hay nada más que luz, luz verde que el cielo refleja.
Luego, un automóvil se acerca renqueante
por el camino dejando tras de sí una nube de polvo.
La luz se apaga. La hierba que brilla, el caballo que pace,
el granero, mi casa, los árboles del fondo
                                                                        (y yo mismo)
se evaporan.

La noche ha llegado de improviso.
Luego, seguramente, vendrán el frío y la nieve.




Traducción de Casimiro Ropero.

Imagen: Grant Wood, Young Corn, 1931.