viernes, 19 de mayo de 2017

NICOLÁS SUESCÚN










Infancia

El mar inmenso, azul,
profunda tumba de piratas y tesoros,
estaba allá muy lejos,
detrás de las montañas.
Era una ausencia.
Los ríos, también, eran grandes ausentes.
Sus aguas, bajo la tierra,
corrían espesas y oscuras,
arrastrando desperdicios.
Y la belleza también se escondía.
Rara vez salía a la calle.
A veces se asomaba con el sol en el patio
o en los ojos del gato.
Y los viajes tenían que ser imaginarios,
pobres ensueños tibios en los fríos rincones
donde empezaban los caminos.
Así que todo viaje era un proyecto,
todo secreto,
un viaje secreto, inconfesable.
Y los potreros donde jugaba fútbol
se iban llenando de casas.
Había que caminar mucho
para llegar donde no hubiera extraños.
El camino de la escuela a la casa:
ese simulacro de la Odisea.





Imagen: Homer Winslow, Boys in a Pasture, 1874.



miércoles, 17 de mayo de 2017

WILLIAM CARLOS WILLIAMS










Paisaje con la caída de Ícaro

Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un granjero araba
su tierra
y toda la pompa

del año
se despertaba
cosquilleando cerca

de la orilla del mar
ocupada
en sí misma

sudando bajo el sol
que derretía
la cera de las alas

insignificante
más allá de la costa
hubo

un chapoteo casi imperceptible
eso era
Ícaro, que se ahogaba.



Versión de Sandra Toro.



Imagen: Pieter Brueghel, Paisaje con la caída de Ícaro, 1554-55.



domingo, 14 de mayo de 2017

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Abril

I

Las amapolas
 y su fugaz belleza
 hieren mis ojos.

II

Las amapolas
 a mis ojos se cierran.
Su voz no escucho.



Imagen: Alf Wallander, Paisaje del sur de Francia.





viernes, 12 de mayo de 2017

DAVID LÓPEZ GARCÍA










La adopción

Mi único deseo es que me adopten.
¿Hay alguien que desee un hijo nuevo?
Mas, puestos a elegir, si fuesen pájaros
mucho mejor, ya sean de la clase
que sean, pero nada de gallinas
ni pavos ni avestruces ni otras aves
que quieren arrastrarse por la tierra.
Ah, y tampoco me gustan los canarios
porque es triste vivir en una jaula.
Yo prefiero el gorrión o la abubilla
–a pesar de su olor desagradable,
pero tiene una cresta tan graciosa-,
el cuco, el verderón, la lavandera…

Y todo porque quiero que me enseñen
a surcar los océanos del viento
y ese vuelo rasante sobre el lago
que te convierte en dos por un instante.
Mas lo mejor es ir de rama en rama
y que a uno le importe un pito doble
la gente, y defecar sin que te aflijas
de que te vea el juez o el rey de Roma;
dormir sin pesadillas, construir nidos
con colchones de plumas para todos,
atacar a los niños según Hitchcock,
poder gritar ¡socorro, que me caigo!
sabiendo que es mentira…



Imagen: Marc Chagall, Le Poete aux oiseaux, 1911.