domingo, 6 de noviembre de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Dafne

                                                  a fuerza de llorar, crecer hacía
                                                  este árbol, que con lágrimas regaba.
                                                  Garcilaso de la Vega


Corre ahora la savia por tus venas,
en hojas tus cabellos  se trocaron,
tu piel se oscureció vuelta corteza
y transformóse en planto mi deseo.
¿Dónde ahora los labios que me hablaban,
los ojos que miraban mi ternura?
Insensible a mis ruegos no despiertas
del letargo en que te hallas sumergido.
¿Te has ido con sigilo de mi lado
tal vez para escapar de mis caricias?

Un templo elevaré junto a tu tronco
y plantaré jardines con mis manos,
regados por mi llanto como un río,
por que todas las flores, la albahaca,
el mirto y los laureles embalsamen
el aire que respiras cada día.
Cultivaré jilgueros en tus brazos
que ensordezcan las quejas de mi pecho
y aguardaré vestida de congoja
el último plañir de la campana.



Imagen: Cornelis de Vos, Apolo persiguiendo a Dafne, hacia 1636.


viernes, 4 de noviembre de 2016

ELIZABETH BISHOP










Un arte

No es fácil dominar el arte de perder;
hay tantas cosas que parecen colmadas por el deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la confusión
de las llaves extraviadas, de la hora desperdiciada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Practica después perder más, y más rápido:
lugares, y nombres, y las tierras a las que pretendías
viajar. Ninguna de estas pérdidas será devastadora.
He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última
o la penúltima de las tres casas que he amado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades, hermosas ciudades. Más aún,
vastos reinos que poseía, y dos ríos, y un continente.
Los añoro, pero no fue un desastre.
Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habría mentido. Es evidente
que no es difícil dominar el arte de perder
aunque eso parezca (¡escríbelo!) un desastre.



Imagen: Jeremy Geddes, The call, 2013.




jueves, 3 de noviembre de 2016

EDITH SÖDERGRAN










La canción de la montaña

El sol descendía sobre la espuma del mar y la playa dormía
y arriba en la montaña había alguien que cantaba…
Cuando las palabras cayeron en el agua, estaban muertas…
Y el canto se desvaneció detrás de los pinos
y el crepúsculo se lo llevo consigo.
Cuando todo fue silencio, pensé tan sólo
que la sangre de un corazón yacía en la peña crepuscular,
sentí sobriamente que el canto hablaba
de algo que jamás retorna.



Imagen: László Mednyánszky, La Puerta de Hierro en el Danubio, hacia 1890.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER










LXXIV

Las ropas desceñidas,                  
desnudas las espaldas,               
en el dintel de oro de la puerta               
dos ángeles velaban.                   

Me aproximé a los hierros            
que defienden la entrada            
y de las dobles rejas, en el fondo,                      
la vi confusa y blanca.                  

La vi como la imagen                    
que en leve ensueño pasa,                    
como el rayo de luz tenue y difuso                    
que entre tinieblas nada.             

Me sentí de un ardiente               
deseo llena el alma                       
¡como atrae un abismo, aquel misterio             
hacia sí me arrastraba!                 

Mas ¡ay!, que de los ángeles                  
parecían decirme las miradas                 
-¡El umbral de esta puerta                       
sólo Dios lo traspasa!                    



Imagen: Thomas Cole, Expulsion from the Garden of Eden, 1828.



martes, 1 de noviembre de 2016

YOSA BUSON










Bajo los pinos
se reúnen las sombras.
Hablan los grillos.



Traducción de Kohtaro Miyake Ledesma.


Imagen: Henri Joseph Harpignies, Lever de la lune, 1885.