lunes, 5 de septiembre de 2016

GABRIELA MISTRAL










Miedo

Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!



domingo, 4 de septiembre de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










El Tártaro

Pirámide nocturna, se levanta
hasta el cielo el ciprés como un lamento.
Oculta entre sus ramas filomela
esparce su dolor por las tinieblas;
intenta amedrentarme con el canto
que describe un camino sin retorno.

Te fatigas en vano, ave agorera,
pues un tirano dios hace ya tiempo
me obliga a alimentarme con asfódelos.


Imagen: Ferdinand Keller, El estanque, 1911.


sábado, 3 de septiembre de 2016

ROSARIO BECERRA










Devuélveme el rosario de mi madre

Me pides sin cesar que te devuelva
cuanto me regalaste estando juntos
igual que si me hubieses concedido
los tesoros del Alto y Bajo Egipto.
¿Y qué he de devolverte? Hazme una lista
pues nada que recuerde me obsequiaste.
¿Acaso esa nereida de resina
comprada en una tienda de los chinos
con el fin de “alegrar el aire triste”,
según tú, textualmente, de mi casa?
¿Acaso aquel pañuelo palestino
que dijiste que estaba tan de moda
y que nunca me puse por vergüenza?
Ni que el rosario de tu madre fuesen.
Muy pobres cosas son, cosas pequeñas,
cosas sin importancia, inanes cosas
como la mezquindad que te define
pues no fuiste capaz de dar siquiera
una pizca de amor, corazón seco.
Pues bien, cógelas, ven por tus cosas
o si no su destino, como tú,
ha de ser la basura.



Imagen: Giuseppe Cesari, La expulsión de Adán y Eva (detalle).





viernes, 2 de septiembre de 2016

JOHN KEATS










A quien en la ciudad estuvo largo tiempo
confinado, le es dulce contemplar la serena
y abierta faz del cielo, exhalar su plegaria
hacia ese claro azul que nos sonríe.
¿Quién más feliz,  entonces, si, con el alma alegre,
se hunde fatigado en la blanda yacija
de la hierba ondulante y lee una acabada,
una gentil historia de lánguidos amores?
Si, atardecido, vuelve al hogar, ya en su oído
la voz de Filomela, y acechando sus ojos
la fúlgida carrera de una pequeña nube,
lamenta el deslizarse del presuroso día,
desvanecido como la lágrima de un ángel
que cae por el éter claro, calladamente.


Traducción de Mariá Manent.

Imagen: Lawrence Alma Tadema, Ninety-four in the Shade, 1876.



jueves, 1 de septiembre de 2016

LOUISE GLÜCK










Parousia*

Amor de mi vida, estás
perdido y yo
soy joven otra vez.

Pasaron unos años.
El aire se llena
de una música de chicas;
en el patio de enfrente
el manzano está
salpicado de azahares.

Trato de recuperarte,
ese es el propósito
de la escritura.
Pero te fuiste para siempre,
como en las novelas rusas, diciendo
unas pocas palabras que no me acuerdo.

Qué frondoso es el mundo,
qué lleno está de cosas que no me pertenecen–

Miro los azahares que se hacen añicos,
ya no rosados
sino viejos, viejos, de un blanco amarillento–
los pétalos parecen
flotar sobre el pasto radiante,
aleteando apenas.

Qué nada fuiste,
para mutar así tan pronto
en una imagen, un olor—
Estás en todas partes, fuente
de sabiduría y de tormento.



*Parousia: En los evangelios la palabra παρουσια o parousía se utiliza para anunciar el segundo advenimiento del Señor o segunda venida de Cristo.


Versión de Sandra Toro.

Imagen: Samuel Palmer, Garden in Shoreham, hacia 1830.