miércoles, 11 de mayo de 2016

DENISE LEVERTOV










La sala

Con un espejo
podría ver el cielo.

Con dos o tres, bien situados,
podría ver el sol
inclinándose ante las chimeneas de la noche.

La salida de la luna -la luna misma podría aparecer
en un cuarto espejo, alto,
cerca de la ventana abierta.

              Con suficientes espejos adentro
0 incluso afuera de la sala, con una viga
para sostenerlos, las montañas
y los mares podrían manifestarse.

Entiendo perfectamente
que demasiado seguido podría toparme
con mis ojos -tengo en cuenta
el peligro-
                Si los espejos
son bastante grandes, y se disponen
con bravura, puedo mirar
más allá de mi propia mirada.

Con un espejo
¿cuántas estrellas podría ver?

No quiero escaparme, solamente mirar
la celebración de los ritos.




Versión de Sandra Toro.


Imagen: Grigory Soroka, Reflejo en el espejo, hacia 1850.





martes, 10 de mayo de 2016

MIGUEL DE UNAMUNO










El ángel negro

El ángel negro el corazón me toca
con sus alas llamándome del sueño
en que me finjo con carrera loca
romper el cielo en grupa a Clavileño.

Mi pobre frente en la caída choca
con la verdad de gesto zahareño
que dura e inmutable como roca
sólo hiriendo alecciona a nuestro empeño.

Sumido entonces en mortal quebranto
tomo con la verdad odio a la vida,
y cobro de mí mismo un recio espanto,

pero me miras tú, compadecida,
y tus ojos me vuelven al encanto
del dulce ensueño en que verdad se olvida.



Imagen: Carlos Schwabe, La muerte del sepulturero, 1895.



lunes, 9 de mayo de 2016

FRANCISCO DE LA TORRE










Cuántas veces te me has engalanado,
clara y amiga Noche! ¡Cuántas, llena
de escuridad y espanto, la serena
mansedumbre del cielo me has turbado!

Estrellas hay que saben mi cuidado,
y que se han regalado con mi pena;
que entre tanta beldad, la más ajena
de amor, tiene su pecho enamorado.

Ellas saben amar, y saben ellas
que he contado su mal llorando el mío,
envuelto en los dobleces de tu manto.

Tú, con mil ojos, Noche, mis querellas
oye, y esconde; pues mi amargo llanto
es fruto inútil que al amor envío.


Imagen: Johan Christian Dahl, Noche de la luna sobre Dresde, 1827.





domingo, 8 de mayo de 2016

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










El rey que teje

Para poder decir con la palabra
lo que en este momento mi alma siente
tendría que saber cuánto voltean
las hojas arrastradas por el viento,
el número de gotas de rocío
que destila la aurora entre sus dedos,
cuántas veces las aves aletean
cuando viajan al sur en el otoño,
los días y las noches que mi cuerpo
podría contener, pues en mi pobre
huerto sin luz, sin orden y sin aire,
sediento, brotan flores sin aroma.

Si el ángel mensajero apareciese
y por fin anunciara la llegada
de un almo y nuevo adviento, con su vuelo
la luz del sol, las nubes y la lluvia,
traería la dulce primavera…
Por la noche la luna este implacable
dolor que el corazón tenaz cultiva
sanaría, y tumbada bajo un árbol,
cantando entre la tierna y fresca yerba,
a merced siempre el alma de la brisa,
contemplaría el bello y sosegado
rostro del Rey que teje.


Imagen: Homer Winslow, The new novel, 1877.

sábado, 7 de mayo de 2016

ALBERTO RUBIO SERRANILLOS










Tras el crepúsculo

Al apagar la luz las sombras brillan
como el cielo nocturno en el verano.

Hay un breve temblor, un golpeteo
que estremece el cristal de la ventana.

El alma se pasea por el cuarto
e inútilmente busca la salida.

“Desnuda no saldrás con este frío”,
le digo desde el lecho donde duermo,

“pues otra vez la muerte está en la calle
vendiendo su tramposa lotería”.



Imagen: Nikolai Ge, Conciencia: Judas, 1891.