viernes, 4 de marzo de 2016

W. J. BARRIMORE












Noche de cumpleaños de 1992

 Esta noche es un páramo infinito
y la luna un esquife a la deriva
entre la blanca espuma del celaje,
con miedo a naufragar en los escollos
del final de la noche allá a lo lejos.

Ahí arriba, en el árbol invisible,
se escucha el aleteo de un pájaro que vela:
una señal de vida entre el vacío
y una ocasión perdida para hallarla.

Demasiada tristeza, demasiado
rencor en los inútiles recuerdos,
demasiada nostalgia de aún no sé qué
que no tendré jamás, que nunca tuve.

Una tras otra todas estas noches
desde Octubre de mil novecientos trece
no son sino los malos versos de un poema
escrito en un papel amarillento
que borrará la lluvia en pocas horas.



Traducción de Casimiro Ropero.


Imagen: Johan Christian Dahl, Estudio de luz de luna, 1822.





jueves, 3 de marzo de 2016

ZAN BAI










Ausencia

Clara la luna y fresco el viento de otoño.
Tiemblan las sombras en el huerto.
Llueven las hojas muertas y aterido
de frío sale un cuervo volando del árbol.
Cantan los pinos una triste melodía
¿Dónde te hallas? ¿Por qué no vienes?
Mi corazón no cesa de llorar esta noche.
¡Estoy tan sola!



Traducción de Ovidio Fierro.

Imagen: Alfred Stevens , La Vía Láctea, 1885-1886.

miércoles, 2 de marzo de 2016

MIGUEL DE UNAMUNO










¿Por qué me has abandonado?

Por si no hay otra vida después de ésta
haz de modo que sea una injusticia
nuestra aniquilación; de la avaricia
de Dios sea tu vida una protesta.

Que un anhelo sin pago así nos presta
y envuelto de su luz en la caricia
el dardo oscuro que al dolor enquicia
en la raíz del corazón asesta.

Tu cabeza, abrumada del engaño
en la roca descansa que fue escaño
de Prometeo, y cuando al fin te aplaste

la recia rueda de la impía suerte,
podrás, como consuelo de la muerte,
clamar: "¿por qué, mi Dios, me abandonaste?"



Imagen: Jules Bastien Lepage, Diogène, 1873.



martes, 1 de marzo de 2016

LUIS DE GÓNGORA










Al tramontar del sol, la ninfa mía,                       
de flores despojando el verde llano,                  
cuantas trocaba la hermosa mano,                   
tantas el blanco pie crecer hacía.                      

Ondeábale el viento que corría              
el oro fino con error galano,                    
cual verde hoja del álamo lozano                      
se mueve al rojo despuntar del día;                   

mas luego que ciñó sus sienes bellas              
de los varios despojos de su falda         
(término puesto al oro y a la nieve),                   

juraré que lució más su guirnalda                     
con ser de flores, la otra ser de estrellas,                     
que la que ilustra el cielo en luces nueve.


Imagen: Frederick Carl Frieseke, Lady in a Garden, 1912.