sábado, 6 de febrero de 2016

ALICE MEYNELL










A un poema en tiempo silencioso

¿Quién te buscó, pequeño cantar mío? Este invierno
de un corazón callado de poeta, contigo
se hace de pronto dulce, flor nacida a mediados
del invierno, y quisiera adivinar quién eres.

¿Tal vez serás la última, ya sin nadie en tu estirpe?
¿Te dio vida el calor postrero del verano,
o, escondida y cerrada, en mí la primavera
ya se rebulle y surge, y a anunciarla te llegas?

¿Dónde busco: hacia atrás o acaso en el mañana,
otros de tu fragancia, hijo secreto? ¿Sabe
alguien si perteneces a las cosas postreras

o a las primeras? ¿Eres la última sonrisa
de mi pesar, o un júbilo dulce y vivo en exceso?
Violeta de diciembre, ¿cómo podré llamarte?


Traducción de Mariá Manent.


Imagen: Jakub Schikaneder , Noche en el jardín, hacia 1907.



jueves, 4 de febrero de 2016

WEI TCHEN KIN










Cambiantes son las aguas del gran río,
inacabables los pensamientos del viajero lejano.
¿Lloran, al caer, las flores nostalgias de su rama?
Ni el más leve ruido cuando tocan el suelo.



Traducción de Marcela de Juan.

Imagen: Jakub Schikaneder, Amanecer de otoño, hacia 1910.



miércoles, 3 de febrero de 2016

FRANCISCO DE QUEVEDO










Finge dentro de sí un infierno, cuyas penas procura mitigar, como Orfeo, con la música de su canto, pero sin provecho


A todas partes que me vuelvo veo                     
las amenazas de la llama ardiente,                   
y en cualquier lugar tengo presente                 
tormento esquivo y burlador deseo.                  

La vida es mi prisión, y no lo creo;         
y al son del hierro, que perpetuamente                        
pesado arrastro, y humedezco ausente,                      
dentro en mí propio pruebo a ser Orfeo.                       

Hay en mi corazón furias y penas;                    
en él es el amor fuego y tirano,   
y yo padezco en mí la culpa mía.                       

¡Oh dueño sin piedad, que tal ordenas,                       
pues, del castigo de enemiga mano,                 
no es precio ni rescate la armonía.


Imagen: Alexandre Seon, Lamentation d'Orphee, 1896.


martes, 2 de febrero de 2016

DOROTHY HUNTER










El maizal por la tarde (IV)

Esta pequeña parte
del mundo que contemplo
está ahí, siempre igual cada día
pero siempre distinta,
cambiando de manera
que la palabra pronunciada
se torna vieja en el segundo
de nacer, muerta, tan vacía como el pecho
de un esqueleto.
Y cuando estás en ella no sientes
necesidad alguna de hablar de ella,
de escribir o pensar.
Estás en ella y corres hacia adelante
cambiando cuando cambia, siendo la misma
y otra a la vez, y sabes
que estando allí da igual ser o dejar de ser,
aun cuando mueras
y las raíces del maizal, este tapiz esmeralda
que se alza hasta la luz desde la sombra,
hurguen en las cuencas de tus ojos
y liben los recuerdos del paisaje
que con celo guardaste en otro tiempo.



Traducción de Alejandra Burguillos Rasero.


Imagen: Peder Severin Kroyer, Marie in Ravello, 1891.



lunes, 1 de febrero de 2016

MAY SARTON










Querer morir

A veces
Quiero morirme
Para acabar con todo
De una vez,
No volver a hacer mi cama nunca,
No contestar otra carta nunca
Ni regar las plantas,
Ningún esfuerzo
De esos que hay que hacer
Todos los días
Para seguir  viva.

Pero después
No me quiero morir.
Las hojas cambian
Y tengo que ver
El rojo y el dorado
Una vez más,
Una sola hoja amarilla
Cayendo
Bajo el sol
Por última vez.



Versión de Sandra Toro.


Imagen: John Everett Millais, Autumn Leaves, 1856.