sábado, 9 de enero de 2016

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE1










El ruiseñor

…Y yo sé de un gran bosque, muy cercano
a un enorme castillo, cuyo dueño
y gran señor no habita ya; por ello
el bosque está cubierto de malezas,
los senderos se quiebran, y la hierba
y los botones de oro cubren todo.
Mas nunca he visto en parte alguna un sitio
como aquel bosque donde vivan tantos
ruiseñores. Ya cerca, ya a lo lejos,
en la maleza o en los copudos árboles,
por todo se contestan y provocan
unos a otros con alegres trinos,
murmullos musicales y gorjeos
–y un piido suave cual ninguno- ,
estremeciendo el aire con tal gracia
que, si cierras los ojos, te parece
que estás en pleno día. En los arbustos
que la luna ilumina, entre las flores
cubiertas de rocío y entreabiertas,
podrás tal vez sobre los tiernos tallos
ver sus ojos brillantes (esos ojos
tan brillantes y abiertos), centelleando
en tanto que, en la sombra, las luciérnagas
encienden sus antorchas amorosas.


Traducción de Ramón de Sangenís.

Imagen: Hugh William, Alpine scene, hacia 1817.


viernes, 8 de enero de 2016

FRANCISCO DE RIOJA










A la rosa

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
y no valdrán las puntas de tu rama,
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
y oro en su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas;
¿y esto, pupúrea flor, y esto no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate silencioso su ardimiento
el color y el aliento;
tiendes aún no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus lágrimas la Aurora
mustia, tu nacimiento o muerte llora.



Imagen: Martin Johnson Heade, Red Rose With Ruby Throat.


jueves, 7 de enero de 2016

CHRISTINA ROSSETTI











Cuando haya muerto

Cuando haya muerto, amado mío,
no cantes para mí canciones tristes,
no plantes rosas sobre mi cabeza,
ni cipreses de sombra:
que crezca, verde, en torno mío el césped,
húmedo de la lluvia y el rocío,
y si quieres, recuerda
y si quieres, olvida.

No veré ya las sombras,
ni sentiré la lluvia;
jamás escucharé del ruiseñor
el canto dolorido;
y soñando en la luz de aquel crepúsculo
que no crece ni mengua,
podrá ser que recuerde
y podrá ser que olvide.



Trad. Mariá Manent.

Imagen:Adolf Hirémy-Hirschl, Friedhof am Meer, 1897.





miércoles, 6 de enero de 2016

WILLIAM WORDSWORTH










El cielo después de la tormenta

Un solo paso al franquear las lindes
de aquel ciego vapor, me abrió los ojos
a un esplendor como jamás lo vieran
los sentidos en vela o el alma en sueños.
La aparición, abierta en un instante,
fue una ciudad inmensa –de edificios-,
una selva sumida en un abismo,
sin fondo, sumergida en esplendores
sin fin. Y semejaban fábricas
de oro y de diamantes, con sus cúpulas
de alabastro y sus torres plateadas
con ardientes terrazas superpuestas
más altas cada vez; aquí, brillantes
pabellones formando una avenida; 
torres allí almenadas, que, en sus frentes,
sin descanso sostienen las estrellas
-¡brillo de gemas!-. La Naturaleza
en ello usó los materiales hoscos
de la tormenta en calma, y las cavernas
y las laderas y las cresterías
donde el vapor se había refugiado,
bajo el cielo cerúleo posándose.
¡Visión incomparable! Nubes, nieblas,
arroyos, rocas, hierbas esmeralda,
nubes de mil colores, rocas, cielo,
zafiro, todo confundido, en mezcla,
mutuamente inflamado y componiendo
–todo perdido en todo- aquel extraño
templo o palacio o ciudadela, enorme
y fantástica pompa de estructura
sin nombre, en vastos pliegues arropada…


Traducción de Ramón Sangenís

Imagen: Albert Bierstadt, Storm in the Rocky Mountains, Mount Rosalie, 1866.