miércoles, 10 de junio de 2015

MERCEDES SANDOVAL REVERTE










Endimión

No tengas miedo, ven;
encarámate al árbol de mi pecho,
navega por mis piélagos undosos,
adéntrate en el bosque consagrado,
consúmete en mi magma incandescente,
pues abrazada a ti como la yedra
buscaremos la escala que nos lleve
a aquella luz azul que nos aguarda.


Imagen: George Frederick Watts, Endymion, hacia 1872.


martes, 9 de junio de 2015

DAVID LÓPEZ SANDOVAL










Mecánica

Siempre me ha cautivado la armonía
que guardan en la tierra la quietud
del árbol y los haces sinuosos
de un camino que surge de repente.
Desbocados los ojos mientras saben
que nada hay tras el viaje que suscita,
el alma adquiere nueva y feliz óptica
en esta conclusión de mundo y hombre.
Movilidad anhela el árbol, séquito.
El camino insta tregua, desahogo.
Advierte así el paisaje de olvidadas
mecánicas del hambre y la renuncia.


Imagen: Robert Julian Onderdonk, Cactus in Bloom, 1915.



lunes, 8 de junio de 2015

LOUIS LARRIBET










Lo mejor de mi casa es la ventana
que da a un patio interior donde un árbol escuálido
se empeña en florecer por primavera.
Quisiera ser entonces un insecto
o un pájaro o la lluvia.
Es la única manera de vivir
entre sus ramas aunque sea
solo por un instante.


Traducción de Santiago Gómez.

Imagen: Frederick Childe Hassam, Peach Blossoms, Villiers-le-Bel, entre 1887 y 1889.


domingo, 7 de junio de 2015

RANGNVALD NYBORG










Reloj entre la hierba

No quedaba de mí otra cosa que mi pecho
donde latía aún, aunque débilmente,
mi corazón como un reloj gastado,
un corazón sin ojos para ver
que el verano moría.
Cerca de mí lloraba alguien, un rumor leve
como esa fina lluvia que empapa los surcos
que ya no pisarás cuando te duermas.
Siete cuervos posados en las ramas
de un árbol aguardaban a que se parase
el cansado reloj.
Una voz parecida a la agitación del viento
me instaba a levantarme. Luego el cielo
se inflamó y en mi pecho brotaron los verdes
tallos de aquella hierba sobre
la que nos recostábamos antaño.
“Ahora puedes irte”.
Los cuervos ya no estaban.


Traducción de Estanislao Górriz.

Imagen: Caspar David Friedrich, El árbol de los cuervos, hacia 1822.


sábado, 6 de junio de 2015

SALVATORE RACCIATTI










Uno y uno no son dos

Uno y uno no son dos, uno y uno
es uno, es decir, yo mismo, ya que
cuando uno habla de uno habla de sí mismo.
Y este uno que habla de uno ha decidido
irse de uno, salir a los caminos
solo para empaparse con la lluvia
y nunca más volver a casa de uno.
Lo que no tengo claro es si este que huye
es el de carne y hueso o es el de aire
y de vana esperanza.


Imagen: Edouard-Henri-Théophile Pingret, Chang y Eng, los gemelos siameses, 1836.