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miércoles, 16 de marzo de 2016

LEWIS DOHRN






La reina de las nieves

Tuvo que haber estrellas y la luna
tendría que brillar en esta noche,
pero son tan profundas las tinieblas
como el día anterior al primer día.
Cae la nieve blanda, silenciosa,
helando corazones de muchachas
pelirrojas que aguardan la anunciada
llegada jubilosa del Paráclito.
Y ella fría, callada, sin que el aire
mueva un solo cabello de su frente
allí donde pretende que se apaguen
las brasas que aún quedan del incendio
que un día calcinase nuestra casa.
Cae la nieve blanda, silenciosa
y no puedo llorar aunque quisiera.
Contemplo de los hielos sus raíces,
las cumbres ateridas por la nieve,
un reloj congelado que no late,
un corazón sin sangre y sin herida.
Y ella allí sin saber que no me escondo,
que no puedo moverme…


Traducción de Simeón Solórzano de la Cruz.

Imagen: Jaroslav Spillar, El arquero en invierno, 1899.


miércoles, 7 de octubre de 2015

LEWIS DOHRN










Como Hansel y Gretel

Todo cuanto empezó termina aquí.
El final de un camino en un bosque
oscuro, impenetrable y silencioso
en mitad de una noche aún más oscura.
¿Dónde ir? Obligados a desandar
el camino los dos de la mano para no perdernos.
Unidos a pesar del frío.
Unidos a pesar de la distancia.
Este contacto nada dice
de una emoción pasada, de un temblor
en el alma que pueda cuantificarse
o medirse o pesarse, solo el contacto
tranquilizante que atenúa el miedo.
De la mano tú y yo otra vez, perdidos
como siempre estuvimos, perdidos
sin que supiéramos que estábamos perdidos,
Un bosque oscuro, un bosque cerrado
en torno a nuestro miedo, al temor
de no hallar el camino de vuelta,
el camino que lleve
al momento anterior a conocernos,
cuando éramos tú y yo sin yo ni tú,
perdidos como ahora en un bosque oscuro,
a pique de encontrar en un claro la casa
donde aguarda la pérfida bruja
con el horno encendido,
preparada la mesa con el mantel de las fiestas,
dispuesta a devorarnos.


Traducción de Simeón Solórzano de la Cruz.

Imagen: Arthur Rackham, Hansel y Gretel, 1909.